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LA REFLEXIÓN EN EL PROCESO DE FORMACIÓN DE LOS PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN

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http://www.eumed.net/rev/ced/22/pdgr.htm Cuadernos de Educación y Desarrollo Vol 2, Nº 22 (diciembre 2010) Irela M. Paz Domínguez (CV) y Eulogio Gámez Rodríguez Universidad de Ciencias Pedagógicas Santiago de Cuba, Cuba irelapaz@ucp.sc.rimed.cu y
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    LA REFLEXIÓN EN EL PROCESO DE FORMACIÓN DE LOS PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN http://www.eumed.net/rev/ced/22/pdgr.htm Cuadernos de Educación y Desarrollo   Vol 2, Nº 22 (diciembre 2010)   Irela M. Paz Domínguez (CV) y Eulogio Gámez Rodríguez Universidad de Ciencias Pedagógicas Santiago de Cuba, Cuba irelapaz@ucp.sc.rimed.cu y egamez@ucp.sc.rimed.cu RESUMEN En los estudios acerca de la formación de los profesionales de la educación, se plantean diver-sos modelos. Los paradigmas relativos al profesor hacen referencia a un profesional: Práctico Ar-tesano, Culto, Técnico, Actor Social, Persona y Práctico Reflexivo. Para la formación del profesional de la educación que necesita la sociedad en este siglo XXI, ha-cemos énfasis en un profesional que se distinga como persona y como ser reflexivo de su prepara-ción y práctica, de su actuación personal y pedagógica. Formar en los futuros educadores un pensamiento y una actitud reflexiva, son condiciones esen-ciales para su formación integral y para el ejercicio consciente y comprometido de su profesión y de su misión social. En este artículo se ofrecen algunas posiciones teóricas y recomendaciones para el desarrollo de la reflexión en el proceso de formación de los estudiantes de las carreras pedagógicas y, conse-cuentemente, contribuir al perfeccionamiento de los propios formadores de formadores. Palabras claves: formación, formación de educadores, reflexión, reflexión pedagógica, comunica-ción, vivencias, procedimientos reflexivos. INTRODUCCIÓN “Sólo puede dirigir una formación para la refle xividad un formador preparado para una conducta reflexiva, sólo puede acompañar el desarrollo personal sin prejuicios, el formador que también esté en proceso de búsqueda y desarrollo de su yo” (P. Perrenoud) Análisis preliminar La reflexión es una categoría abordada en los marcos generales por la filosofía (Leibniz la valoró como la atención a lo que ocurre en nosotros; Hegel, la consideró como el reflejo mutuo de una cosa en la otra). En el Diccionario de filosofía, al analizar la reflexión se valora como la investiga- ción del acto cognoscitivo, se destaca que “reflexionar significa dirigir la conciencia hacia sí mis-ma, meditar uno sobre el propio estado psíquico” (O. Razinkov, 366) Desde lo semántico se considera la reflexión como la acción de reflexionar, es decir, como la ac-ción de considerar nueva o detenidamente una cosa. Advertencia o consejo con que se intenta per-suadir o convencer a alguien. Una persona reflexiva, es por tanto, alguien acostumbrado a hablar y a obrar con reflexión. En relación con estas ideas se consideran sinónimos de reflexión: cavila-ción, cálculo, deliberación, preocupación, meditación, abstracción,   especulación, introversión, introspección, recogimiento, retiro. Juicio, advertencia, pensamiento. Lo contrario a la reflexión, es decir, la irreflexión, se valora como la imprudencia, insensatez, desconsideración, inadvertencia, distracción, negligencia, despreocupación.   En la psicología soviética se destacaron autores que analizaron la reflexión (Rubinstein, Anojin, Berschtein, Luria, Anfiserova, Smirnov, Lomov, Abuljanova) con matices diferentes, revelando di-versos grados de reflexión, complementándose unos a otros (C. Suárez 1990). De una u otra forma, en las ideas de estos autores se expresa la relación de la reflexión con la autorregulación, la auto-conciencia y la conciencia del sujeto. Revelan que la reflexión lleva a una activa interpretación del mundo y refleja un momento superior de la personalidad activa. Estudios más recientes, basado en los anteriores, han permitido profundizar en los procesos reflexivos y autorreflexivos. (E. Fernán-dez 1991, F. González 1993, A. González 1995, A. Labarrere 1996, O. D Angelo 1996; J. Zilberstein 1997, N. Cárdenas 1997,1999, 2003; V. Canfux, 2003 y otros). Según A. Labarrere 1996, la autorreflexión es un “mecanismo principal de la metacognición. Por su parte N. Cárdenas, aborda también lo reflexivo y autorreflexivo en los sujetos. Así, al estudiar la autoeducación, resalta la necesidad del conocimiento de sí y sitúa en la base de todo ese proceso a la actividad autorreflexiva. Plantea la necesidad de formar en el proceso docente educativo alum-nos activos y reflexivos. En investigaciones orientadas a la autorrealización de la personalidad, vinculadas a la elabora-ción de proyectos de vida realista y la orientación del desarrollo profesional (O. D Angelo 1996), se destaca como un indicador importante la autorreflexión, vista como un recurso de la personalidad, ya que le brinda posibilidades al sujeto de penetrar en su mundo interno en relación con su medio externo, para encauzar su accionar consecuentemente con ello. En estos estudios se detectó una relación directamente proporcional entre los sujetos con orientación motivacional de meta baja hacia el desarrollo profesional y la autorreflexión, viendo que el proceso autorreflexivo en estos casos era muy pobre y cómo, cuando la orientación del desarrollo profesional avanza hacia un ni-vel medio y alto, se observa mayor autorreflexión personal. Esto hace que plantee la necesidad de educar la autorreflexión en los sujetos. Las concepciones de F. González también permiten comprender cómo la reflexión interesa toda la personalidad en relación con la mediatización de las operaciones cognitivas en la función regula-dora y autorreguladora de la personalidad, es decir, la reflexión puede verse como parte de los in-dicadores que caracterizan el funcionamiento de la personalidad. Analiza cómo el desarrollo de la capacidad de reflexión (y autorreflexión) contribuye a garantiza r una “orientación activo –  trans-formadora del educando hacia el conocimiento,... se implican en el proceso de aprendizaje, convir- tiéndose éste en vía para el desarrollo de todas sus potencialidades”. V. Canfux (2003) valora la reflexión como una cualidad del pensamiento, que permite al hombre valorar, y analizar sus acciones lo que revela un nivel de autoconocimiento de su individualidad. Se considera la reflexión como una cualidad fundamental del pensamiento, que garantiza el funciona-miento de este como sistema autorregulado, es la que le permite al sujeto autorregular su actua-ción ante las diversas situaciones de la vida. (M. N. Barba Téllez. 2007). En la literatura especializada y en la vida cotidiana el término reflexión en los sujetos se vincula a diversas esferas y áreas, por eso se hace referencia a reflexión intelectual, personal, profesional, grupal, entre otras. Estudios realizados por Semionov sobre la reflexión plantean que ésta se revela en dos formas diferenciadas: la reflexión intelectual y la reflexión personal. La reflexión intelectual es aquella que se refiere a la comprensión que realiza el sujeto, del conte-nido de la situación problémica y de la organización de las acciones que realiza para transformar los elementos de ese contenido. Es decir, la reflexión a este nivel permite concretar un esquema de actuación para la solución del problema. La reflexión personal está dirigida a la autoorganización del sujeto, a la comprensión de sí mis-mo, y del modo de hacer su propio yo. (M. N. Barba Téllez. 2007). En el plano pedagógico la reflexión ha sido abordada por (G. Ferry, C. Suárez; N. Cárdenas, A. Pérez Mariño, I. Paz y otros). Sus estudios se han orientado al análisis teórico y práctico acerca de cómo entender y favorecer la reflexión en la actividad pedagógica. Se valora lo reflexivo como cua-lidad pedagógica y como método o recurso para el trabajo de los profesionales de la educación en la dirección del aprendizaje y en el desarrollo de la personalidad de los educandos.   En los estudios de otros autores acerca de la formación de las nuevas generaciones en las es-cuelas, se infiere la necesidad de favorecer una postura y una actuación reflexiva en los educan-dos. En relación con ello son importantes las ideas de L. López Bombino cuando expresa: “Discutir y oír a los estudiantes, con independencia de lo que digan, estemos de acuerdo con ellos o no, es esencial para que estos se sientan identificados con el proceso educativo. Sólo si dejamos que los estudiantes se expresen, logramos la srcinalidad que aspiramos, aunque estén equivocados. Por ende, si no se deja un margen a la equivocación, a la flexibilidad, al diálogo, se torna más difícil lograr una autenticidad en la formación moral y axiológica de las generaciones actuales y, por ende, formar un hombre virtuoso”. Más adelante señala: “La moral viene desde adentro y no precisamente desde afuera. Se configura desde e l fuero in-terno del hombre y particularmente del modo en que se ha ido conformando su conciencia moral individual en particular, aunque no podamos negar el valor primordial de lo colectivo y de lo social en la conformación de la moral”. En el proceso pedagógico, los métodos que utilizan los profesores para organizar el aprendizaje de sus alumnos deben activar la reflexión y autorreflexión, como medio de comprometimiento de la personalidad en su aprendizaje. E. Fernández revela la importancia de la autorreflexión para el conocimiento de sí y su papel en la autorregulación de la personalidad, esto se verifica cuando señala que ese encuentro consigo ga- rantiza “la futura dinámica conductual del aprendizaje, de la integración y actuación socioprofesio- nal y humana”. Cuando esta educación hacia la autorreflexión no se garantiza, se aprecia bajo nivel reflexivo en los adolescentes y consecuentemente en la regulación de su personalidad, lo que repercute en su aprendizaje. En investigaciones sobre el conocimiento de sí en alumnos de 7. Grado, N. Cárdenas (1999) detec-tó una serie de dificultades en la autorreflexión de los escolares, desarrollando experiencias forma-tivas con resultados favorables que demuestran la necesidad de continuar profundizando en este campo, como una vía de garantizar un aprendizaje desarrollador, en tanto el sujeto se involucra activamente en el proceso de aprendizaje, reflexionando sobre sus posibilidades y limitaciones, así como buscando vías que le permitan apropiarse adecuadamente del contenido de la enseñanza. Coincidiendo con las ideas anteriores J. Zilberstein plantea: “Uno de los indicadores que conside- ramos importante para valorar la calidad del aprendizaje lo constituye precisamente la capacidad de autorreflexión, de auto rregulación del propio proceso”. A. Labarrere también resalta la importancia de la autorreflexión en el aprendizaje cuando señala: “El objetivo de incluir activamente al alumno en el proceso de enseñanza, se cumple sólo cuando éste ocupa una posición tal que es capaz de influir sobre sí mismo, de ser agente activo de su au-todesarrollo en todos los planos. Esa es la verdadera autoformación, autoeducación, de ahí parte el genuino autoaprendizaje”. Todo esto apunta hacia el perfeccionamiento de los métodos pedagógicos como vía para favore-cer la actividad autorreflexiva del escolar y por tanto un aprendizaje desarrollador, como una exi-gencia del modelo de escuela actual (L. García 1997). La reflexión en el proceso pedagógico debe promoverse. Abrir espacios al cuestionamiento, pro-piciar el diálogo abierto, son vías importantes para ello. Precisiones parciales: Emergen de los criterios anteriores ideas generales como: - La identificación o la diferenciación de la reflexión y la autorreflexión. - El papel activo del sujeto en el proceso de reflexión. - La actividad reflexiva en relación con proceso de pensamiento y como cualidad personológica. - La importancia de la reflexión para la regulación y autorregulación de la actuación. - La necesidad de favorecer la reflexión en el proceso pedagógico.   Coincidimos en valorar la reflexión como algo que ocurre en nosotros. Es una toma de concien-cia de aquellos hechos y fenómenos que ocurren a nuestro alrededor y en nuestra propia vida, para comprenderlos, interpretarlos, buscar la significación y el sentido que tienen para nosotros mis-mos. A partir del análisis anterior destacamos que la reflexión se evidencia en dos planos: reflexión del mundo o sobre el mundo y reflexión de sí mismo o autorreflexión. Gracias al primer plano podemos meditar profundamente y penetrar críticamente en lo que nos circunda, buscando en qué medida nos afecta, nos transforma y regularnos consecuentemente con ello. La reflexión en el segundo plano es la que permite meditar sobre nosotros mismos, autoconocernos para autorregularnos. La adecuada interrelación entre ambos planos permite una actuación más eficiente. La actividad refle-xiva y autorreflexiva lleva a una activa interpretación del mundo y de sí, y refleja un momento supe-rior de desarrollo de la personalidad activa. La reflexión constituye un importante recurso que favorece el compromiso del sujeto con su aprendizaje y está en la base del autoperfeccionamiento y autoeducación de la personalidad. Con-sideramos entonces que la reflexión se refiere al cuidadoso, minucioso y cuestionador análisis que se realiza sobre un problema, objeto, hecho o fenómeno de la realidad material o espiritual (incluida la propia persona), sobre la base de la participación activa de la conciencia del sujeto, teniendo en cuenta el papel de sus concepciones, experiencias previas, necesidades, expectativas y recursos intelectuales. En general, la reflexión afecta la personalidad en su integridad y, aunque la mayoría de los auto-res la significa como parte de la esfera cognitiva (en especial del pensamiento) en la regulación del comportamiento, lo cierto es que, en nuestra opinión la actividad reflexiva trasciende y se instaura como indicador funcional de la personalidad que integra de modo más estrecho lo cognitivo y lo afectivo. Se reflexiona con el pensamiento, con los recursos intelectuales personales, pero también participan sus valores morales, sentimientos, experiencias previas, vivencias, emociones, necesi-dades, intereses, aspiraciones, ideales y expectativas, entre otros. DESARROLLO La reflexión en el proceso de formación de los educadores. La reflexión pedagógica: concepcio-nes teóricas y pautas didácticas En los estudios acerca de la formación de los profesionales de la educación se plantean diversos modelos y paradigmas referentes a este profesional. Los paradigmas relativos al profesor hacen referencia a un profesional • Práctico Artesano • Cult o • Técnico • Actor Social • Persona • Práctico Reflexivo Como síntesis para la formación del profesional de la educación que necesita la sociedad cubana en este siglo XXI, hacemos énfasis en un profesional que se distinga como persona y como ser reflexivo de su preparación y práctica, de su actuación personal y pedagógica. Como referente para el estudio de la reflexión pedagógica destacamos los trabajos de C. Suárez, V. Canfux, M. N. Barba Téllez, I. Paz, entre otros. Estudios diagnósticos realizados en el Centro Universitario de Las Tunas, permitieron determinar a los investigadores que existen bajos niveles de reflexión profesional pedagógica en los docentes de ese centro, en relación con las demandas y exigencias del proceso formativo que dirigen, desde el aprendizaje como su mecanismo mediador. Se considera (Barba Téllez) a la reflexión profesional pedagógica como “Un recurso que le permi- te al profesor construir el relato de lo que acontece a su alrededor. Extrañarse de la propia práctica, es un ejercicio profesional muy bueno para así poder pensarla, mejorarla, reconstruirla, intervenir en ella de múltiples modos y construir nuevas herramientas, formas y alternativas de intervención  que hagan posible revalorizar las ex periencias pedagógicas, dotándolas de nuevos sentidos… La reflexión profesional pedagógica implica la lectura e interpretación por parte del profesor de su práctica pedagógica y la construcción de estrategias de intervención más acordes a los problemas reales que presentan sus estudiantes para transformar los relatos actuales y construir otros nue- vos”. Esta propia autora valora que la reflexión profesional pedagógica, como cualidad, distingue al profesor de la nueva universidad cubana, en el contexto de la universalización de la Educación Su-perior. Consideramos que la reflexión profesional pedagógica no sólo debe distinguir al profesor univer-sitario, sino a los que se desempeñan como profesionales de la educación en cualquiera de los niveles educacionales En la obra “La pedagogía como reflexión del ser en la educación” J. F. Orrego Noreña ofrece una mirada más abarcadora del tema al señalar que “La reflexión pedagógi- ca, ya no implica, solamente, la búsqueda por el sentido de la educación, la selección de conoci-mientos adecuados para ser enseñados o dar respuestas a las necesidades sociales desde el he-cho educativo; esta, la pedagogía, también requiere una reflexión que asuma el sujeto, no sólo te-niendo en cuenta su contexto, sino que procure ver su historia propia y humana, es decir la apues-ta a la que acá se apunta es por el carácter antropológico (biológico y cultural) que ha marcado la evolución de cada ser, una pedagogía que reconozca la formación individual pero que a su vez lo entienda desde su posibilidad de ser construido socialmente en el mundo de la vida… es la apuesta por una pedagogía que reflexione sobre el ser humano susceptible de ser educado.” Desde este análisis se percibe la reflexión pedagógica como proceso dirigido a la actuación del docente en relación con el educando. Es analizar lo que hago en estrecho vínculo con la compren-sión de la persona a quien educo. Es una perspectiva humana integral sujeto formador  –  sujeto en formación. La reflexión pedagógica emerge entonces como un proceso esencial de la formación del otro, es decir, de los educandos. En el proceso de formación de educadores se reconoce que la reflexión pedagógica adquiere una doble intencionalidad: la reflexión de los docentes, formadores de formadores, sobre la formación de sus estudiantes de las carreras pedagógicas como personas y como profesionales también, que implica llevarlos a la reflexión pedagógica de estos últimos sobre sus alumnos del nivel educacio-nal que corresponda, según la especialidad que estudia. La reflexión pedagógica debe, entonces, enmarcarse en una Pedagogía del ser. Esta Pedagogía es, al decir de Orrego Noreña “la reflexión ontológica por el sujeto en la educación, de la forma en que este es asumido, incluso el tipo de sujeto q ue se quiere formar”. ..”Una pedagogía del ser debe tener en cuenta que cada sujeto es único e irrepetible, que a lo largo de su vida ha construido for-mas de ver y concebir el mundo, a la vez que se ha dejado construir por ese mundo que le rodea; es un ser que ha formado su identidad única a la vez que se encuentra rodeado por otros; un sujeto que tiene sus propias formas de aprender y de formarse. . .” Desde este enfoque pedagógico: “Quizás lo único que se requiera es un docente que este dispues- to a comprender el mundo de sus estudiantes, que tenga como principio fundamental la alteridad, con apertura hacia lo inesperado, que logre transitar por los escenarios dinámicos del mundo edu-cativo, esto es poder conjugar en su quehacer las necesidades del conocimiento tradicional junto con las aquellas que demanda un mundo contemporáneo, que a saltos agigantados está logrando con los avances tecnológicos, de conocimiento, sociales y culturales, responder a las inquietudes y posibilidades requeridas por los sujetos. Desde esta posibilidad que se presenta es posible considerar, que el docente puede llegar a trans-formar incluso la forma en que las personas ven la educación, ya no como ese espacio donde sólo se imparten conocimientos, sino también donde fluye el saber; y donde la apuesta central sea por el reconocimiento del Ser y todo lo que deviene con él”. Propuestas: Desde la labor investigativa que se realiza, proponemos que se favorezca la reflexión pedagógica en el proceso de formación de maestros y profesores, teniendo en cuenta:
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