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Kottak que es cultura

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Kottak que es cultura
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   1 CAPITULO 2: LA CULTURA Kottak, Conrad Phillip. 2000. Antropología Cultural. Espejo para la Humanidad. Madrid: McGraw-Hill. La idea de cultura ha sido fundamental desde hace mucho tiempo para la antropología. Hace más de un siglo, en su libro clásico  La Cultura Primitiva , el antropólogo británico Edward Tylor expuso que los sistemas de comportamiento y de pensamiento humanos no son aleatorios. Por el contrario, obedecen a leyes naturales y por tanto pueden estudiarse científicamente. La definición de cultura de Tylor todavía ofrece una buena panorámica del objeto de estudio de la antropología y es ampliamente citada. «Cultura (...) es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad» (Tylor, 1871/1958, p.1). Aquí la frase crucial es «adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad». La definición de Tylor se centra en las creencias y el comportamiento que la gente adquiere no a través de la herencia biológica, sino por desarrollarse en una sociedad concreta donde se hallan expuestos a una tradición cultural específica. La enculturación   es el proceso por el que un niño o niña aprenden su cultura. ¿QUÉ ES LA CULTURA? La cultura es aprendida La facilidad con la que los niños absorben cualquier tradición cultural es un reflejo de lo única y elaborada que es la capacidad de aprendizaje de los homínidos. Hay diferentes tipos de aprendizaje, algunos de los cuales los compartimos con otros animales. Un tipo es el aprendizaje individual situacional,   que se da cuando un animal aprende de, y basa su futuro comportamiento en, su propia experiencia; por ejemplo, evitando el fuego tras descubrir que quema. Los animales también hacen gala de aprendizaje social situacional,   en el que aprenden de otros miembros del grupo social, no necesariamente a través del lenguaje. Los lobos, por ejemplo, aprenden estrategias de caza de otros miembros de la manada. El aprendizaje social situacional es particularmente importante entre los monos y los simios, nuestros parientes más cercanos. Finalmente está el aprendizaje cultural.   Éste depende de la capacidad exclusivamente desarrollada por los humanos de utilizar símbolos, signos que no tienen una conexión necesaria ni natural con aquello a lo que representan. Una característica fundamental de la evolución homínida es su dependencia del aprendizaje cultural. Mediante la cultura la gente crea, recuerda y maneja las ideas, controlando y aplicando sistemas específicos de significado simbólico. El antropólogo Clifford Geertz define la cultura como ideas basadas en el aprendizaje cultural de símbolos. Las culturas son conjuntos de «mecanismos de control planos, recetas, reglas, construcciones, lo que los técnicos en ordenadores llaman programas para regir el comportamiento» (Geertz, 1973, p. 44). Estos programas son absorbidos por las personas a través de la enculturación en tradiciones particulares. La gente hace suyo gradualmente un sistema previamente establecido de significados y de símbolos que utilizan para definir su mundo, expresar sus sentimientos y hacer sus juicios. Luego, este sistema les ayuda a guiar su comportamiento y sus percepciones a lo largo de sus vidas. Todas las personas comienzan inmediatamente, a través de un proceso de aprendizaje consciente e inconsciente y de interacción con otros, a hacer suya, a incorporar una tradición cultural mediante el proceso de enculturación. A veces la cultura se enseña directamente, como cuando los padres enseñan a sus hijos a decir «gracias» cuando alguien les da algo o les hace un favor. La cultura se transmite también a través de la observación. Los niños prestan atención a las cosas que suceden a su alrededor y modifican su comportamiento no sólo porque otros les dicen que lo hagan, sino como resultado de sus propias observaciones y de una creciente conciencia de lo que su cultura considera bueno y malo. La cultura también se absorbe de modo inconsciente. Los norteamericanos adquieren sus nociones culturales sobre la distancia física a mantener con las personas cuando hablan con ellas, no porque se les diga que han de mantener una cierta distancia, sino a través de un proceso gradual de observación, de experiencia, y por la modificación consciente e inconsciente del comportamiento. Nadie les dice a los latinos que mantengan menos distancia que los norteamericanos, sino que lo aprenden así como parte de su tradición cultural.   2 TOCARSE, AFECTO, AMOR Y SEXO Si comparamos los Estados Unidos con Brasil, o con cualquier país latino podemos apreciar un impactante contraste cultural entre una cultura que disuade del contacto físico y otra en la que es cierto lo contrario. También podemos observar una rampante confusión en la cultura norteamericana respecto al amor, al sexo y al afecto. Esto supone un agudo contraste con la separación más realista que establecen los brasileños entre los tres conceptos. «No me toques » . «Quítame las manos de encima». Se trata de frases de la cultura norteamericana que casi nunca se oyen en Brasil, el segundo país más poblado de Occidente. A los norteamericanos no les gusta ser tocados. Las culturas del mundo tienen opiniones fuertemente diferenciadas sobre los temas de espacio personal. Cuando los norteamericanos hablan, caminan y bailan, mantienen una cierta distancia de los otros, su espacio personal. Los brasileños, que mantienen una menor distancia física, interpretan esto como un signo de frialdad. Cuando conversa con un americano, el brasileño se va acercando más mientras que el norteamericano se retira «instintivamente». En estos movimientos corporales, ni el brasileño ni el norteamericano intentan conscientemente ser específicamente más amistosos o distantes. Cada cual está simplemente ejecutando un programa escrito en su yo por años de exposición a una tradición cultural particular. Debido a las diferentes ideas sobre el espacio social adecuado, los cócteles que se dan en reuniones internacionales como las de las Naciones Unidas pueden parecerse a un elaborado ritual de cortejo de insectos cuando los diplomáticos de las diferentes culturas avanzan, se retira y dan un quiebro. Una de las diferencias más obvias entre Brasil y Estados Unidos se produce en los besos, los abrazos y el tocarse. Los brasileños de clase media enseñan a sus hijos de uno y otro sexo, a besar (en la mejilla, dos o tres veces, a uno y otro lado) a todos los parientes adultos con los que se encuentran. Dado el tamaño de la familia extensa brasileña, esto puede incluir a cientos de personas. Las mujeres continúan besando durante toda su vida. Besan a sus parientes de ambos sexos, a sus parientes de amigos, amigos de parientes y, cuando parece apropiado, a más informales. Los varones continúan besando a sus parientes y amigos femeninos. Hasta que son adolescentes, los muchachos también besan a sus parientes masculinos. Luego, los brasileños varones se saludan entre sí con efusivos apretones de manos y un tradicional abrazo masculino ( abraço ). Cuanto más estrecha es la reláción, más fuerte y duradero es el abrazo. Esto se aplica a hermanos, primos, tíos y amigos. Muchos varones brasileños continúan besando a sus padres y tíos de por vida. Al igual que otros norteamericanos que pasan algún tiempo en una cultura latina; echo de menos estos besos y apretones de manos cuando regreso a Estados Unidos. Tras varios meses en Brasil, los norteamericanos me parecen fríos e impersonales. Muchos brasileños comparten esta opinión. He oído a algunos italonorteamericanos expresar este mismo sentimiento al describir a otros norteamericanos de procedencia étnica diferente. Muchos norteamericanos temen el contacto físico y confunden el amor y el afecto con el sexo. Según el psicólogo clínico David E. Klimek, que ha escrito sobre intimidad y matrimonio, «en la sociedad norteamericana, si vamos mucho más allá de un sencillo tocarse, nuestro comportamiento toma un suave giro sexual» (Slade, 1984). Los norteamericanos definen las demostraciones de afecto en referencia al matrimonio. El amor y el afecto se supone que unen a la pareja casada y se conjugan en el sexo. Cuando una esposa le pide a su marido «un poco de afecto», eso puede significar, o él puede pensar que significa, sexo. Escuchando a los norteamericanos hablar sobre amor y sexo en programas de debate y en los foros públicos, se hace evidente que la cultura norteamericana confunde estas necesidades y sentimientos. Esta discusión entre afecto, amor y sexo queda clara el día de San Valentín, que solía ser exclusivamente para enamorados. Los regalos y las felicitaciones de San Valentín solían enviarse a esposas, maridos, novias y novios. Ahora, tras años de promoción por la industria de las tarjetas de felicitación, también se envían a madres, padres, hijos, hijas, tías y tíos. Los «mensajes o dedicatorias personales» en la prensa local del día de San Valentín ilustran también este desdibujarse del afecto sexual y no sexual, algo que es una fuente de tanta confusión en la cultura norteamericana contemporánea. En Brasil, el Día de los Enamorados mantiene su autonomía. La madre, el padre y los hijos tienen sus propios días por separado. Por supuesto, es cierto que en un buen matrimonio el amor y el afecto existen conjuntamente con el sexo. Sin embargo, el afecto no implica sexo. La cultura brasileña nos muestra que pueden darse abundantes besos, abrazos y contactos físicos sin que exista sexo, o temores de sexualidad inadecuada. En la cultura brasileña, las demostraciones físicas contribuyen a soldar diversos tipos de relaciones personales estrechas que no tienen componente sexual.  La cultura es simbólica El pensamiento simbólico es exclusivo y crucial tanto para los humanos como para la cultura. El antropólogo Leslie White definió la cultura como:   3 un continuum extrasomático (no genético, no corporal) y temporal de cosas y hechos dependientes de la simbolización... La cultura consiste en herramientas, implementos, utensilios, vestimenta, ornamentos, costumbres, instituciones, creencias, rituales, juegos, obras de arte, lenguaje, etc. (White, 1959, p. 3). Para White, la cultura tuvo su srcen cuando nuestros antepasados adquirieron la capacidad de simbolizar, o libre y arbitrariamente de srcinar y dotar de significado una cosa o hecho, y, correspondientemente, (...) captar y apreciar tal significado (White, 1959, p. 3). Un símbolo es algo verbal o no verbal, dentro de un particular lenguaje o cultura, que viene a representar otra cosa. No se da una conexión obvia, natural o necesaria entre el símbolo y lo que simboliza. Una mascota que ladra no es más naturalmente un perro que un chien, un dog o un mbwa, por utilizar las palabras en francés, inglés o swahili para referirse a ese animal. El lenguaje es una de las posesiones distintivas del  Homo sapiens. Ningún otro animal ha desarrollado nada que se aproxime a la complejidad del lenguaje. Los símbolos suelen ser lingüísticos. Sin embargo, también hay símbolos no verbales, como las banderas que representan países o las cruces de color verde de las farmacias. El agua bendita es un potente símbolo del catolicismo romano. Como en el caso de todos los símbolos, la asociación entre un símbolo (agua) y lo que simboliza (santidad) es arbitraria y convencional. El agua no es intrínsecamente más sagrada que la leche, la sangre u otros fluidos. El agua bendita no es químicamente diferente del agua ordinaria; es un símbolo dentro del catolicismo romano, que es parte de un sistema cultural internacional. Una cosa natural se ha asociado arbitrariamente con   un significado particular para los católicos que comparten creencias y experiencias comunes que se basan en el aprendizaje y se transmiten de generación en generación. Durante cientos de miles de años, la gente ha compartido las capacidades sobre las que descansa la cultura. Éstas son el aprendizaje, el pensamiento simbólico, la manipulación del lenguaje y el uso de herramientas y de otros productos culturales para organizar sus vidas y hacer frente a sus entornos. Todas las poblaciones humanas contemporáneas tienen la capacidad de simbolizar y de este modo crear y mantener la cultura. Nuestros parientes más próximos, los chimpancés y los gorilas, tienen capacidades culturales rudimentarias. Sin embargo, ningún otro animal tiene capacidades culturales elaboradas: aprender, comunicar y almacenar, procesar y utilizar información en la misma medida que el Homo. La cultura somete a la naturaleza La cultura se impone a la naturaleza. Una vez llegué a un campamento de verano a las cinco de la tarde. Estaba acalorado y deseaba nadar en el lago. Sin embargo, leí el reglamento del campamento y me enteré de que no estaba permitido nadar después de las cinco. El lago, que es parte de la naturaleza, estaba sometido a un sistema cultural. Los lagos naturales no se cierran a las cinco, pero sí los lagos culturales. La cultura toma las necesidades biológicas que compartimos con otros animales y nos enseña a expresarlas de formas particulares. Las personas tienen que comer, pero la cultura nos enseña qué, cuándo y cómo. En muchas culturas la comida principal se toma a mediodía, mientras que los norteamericanos prefieren una cena copiosa. Los ingleses comen pescado para desayunar, pero los norteamericanos prefieren tortitas calientes y cereales fríos. Los brasileños añaden leche caliente a un café cargado, mientras que los norteamericanos le echan leche fría a un café aguado. En el Medio Oeste norteamericano se cena entre las cinco y las seis, los españoles lo hacen a las diez. Al igual que el lago del campamento veraniego, la naturaleza humana es sometida por los sistemas culturales y modelada en cientos de direcciones. Todo el mundo tiene que eliminar sus residuos corporales. No obstante, algunas culturas enseñan a la gente a defecar de pie, mientras que otras lo hacen en la posición de sentado. Los franceses no se avergüenzan de orinar en público, metiéndose de forma rutinaria en los  pissoirs  escasamente resguardados de las calles de París. Las campesinas del altiplano peruano se acuclillan en las calles y orinan en las cunetas. Sus masivas faldas les proporcionan toda la privacidad necesaria. Todos estos hábitos son parte de tradiciones culturales que han convertido los actos naturales en costumbres culturales. La cultura es general y específica Todas las poblaciones humanas tienen cultura, por lo que ésta se convierte en una posesión generalizada del género Homo. Ésta es la Cultura (con C mayúscula) en un sentido general, una capacidad y una posesión compartida por los homínidos. Sin embargo, los antropólogos también utilizan la palabra cultura para describir las diferentes y diversas tradiciones culturales de sociedades específicas. Ésta es la cultura   (con c minúscula) en el sentido específico. La humanidad comparte la capacidad para la cultura, pero la gente vive en culturas particulares, donde está enculturada en líneas diferentes. Todas las personas se desarrollan con la presencia de un conjunto particular de reglas culturales   4 transmitidas de generación en generación. Éstas son las culturas específicas o las tradiciones culturales que estudian los antropólogos. La cultura lo abarca todo Para los antropólogos, la cultura incluye mucho más que refinamiento, gusto, sofisticación, educación y apreciación de las bellas artes. No sólo los graduados universitarios, sino toda la gente tienen cultura. Las fuerzas culturales más interesantes y significativas son las que afectan a la gente en su vida cotidiana, particularmente aquellas que influyen en los niños durante su enculturación. La cultura, definida antropológicamente, abarca características que a veces son vistas como triviales o no merecedoras de un estudio serio, como la cultura «popular». Para entender las culturas europeas o norteamericanas contemporáneas, tenemos que tener en consideración la televisión, los restaurantes de comida rápida, los deportes y los juegos. En tanto que manifestación cultural, una estrella del rock puede ser tan interesante como un director de orquesta y un tebeo tan significativo como un libro ganador de un premio. La cultura es compartida La cultura es un atributo no de los individuos  per se , sino de los individuos en cuanto que miembros de grupos. Se transmite en la sociedad. Aprendemos nuestra cultura a través de la observación, escuchando, conversando e interactuando con otra gente. Las creencias culturales compartidas, los valores, los recuerdos, las esperanzas y las formas de pensar y actuar pasan por encima de las diferencias entre las personas. La enculturación unifica a las personas al proporcionamos experiencias comunes. A veces, en Estados Unidos la gente tiene problemas para entender el poder de la cultura debido al valor que la cultura norteamericana atribuye a la idea del individuo. Los norteamericanos se sienten orgullosos de decir que todos son únicos y especiales en algún sentido. Sin embargo, en la cultura norteamericana el individualismo es en sí mismo un valor distintivo compartido que se transmite a través de cientos de afirmaciones y contextos de la vida cotidiana. Constantemente, tanto en las series de televisión como en la «vida real», los padres, los abuelos y los profesores, los agentes enculturadores por excelencia en el caso norteamericano, insisten en que todos son «algo especial». Los padres de hoy son los hijos de ayer. Si crecieron en la cultura norteamericana, absorbieron ciertos valores y creencias transmitidos de generación en generación. Las personas se convierten en agentes enculturadores de sus hijos, del mismo modo que sus padres lo fueron para ellos. Aunque la cultura cambia constantemente, ciertas creencias fundamentales, valores, cosmovisiones y prácticas de crianza de niños se mantienen. Consideremos un sencillo ejemplo de enculturación compartida que permanece vivo en el caso norteamericano (y sin duda en otros países ricos). Cuando la generación de quienes hoy son padres eran niños y no querían terminarse alguna comida, sus padres les recordaban a los niños que pasaban hambre en otros países, del mismo modo que lo había hecho con ellos la generación anterior. El país específico puede cambiar (China, India, Bangladesh, Etiopía), pero estas culturas continúan transmitiendo la peculiar idea de que comiéndose todas esas verduras que no suelen gustarles, pueden ayudar de alguna manera a los niños del Tercer Mundo. La cultura está pautada Las culturas no son colecciones fortuitas de costumbres y creencias, sino sistemas pautados integrados. Las costumbres, instituciones, creencias y valores están interrelacionados; si uno cambia, los otros lo hacen también. Por ejemplo, durante la década de 1950 la mayoría de las mujeres norteamericanas esperaba dedicarse al trabajo doméstico y a ser madres. Las mujeres de hoy que cuentan con estudios esperan encontrar un trabajo cuando se gradúen. A medida que las mujeres se suman a la fuerza de trabajo en números crecientes, las actitudes hacia el matrimonio, la familia y los niños cambian. El trabajo fuera de casa ejerce presiones sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio tardío, el «vivirjuntos» y el divorcio se hacen más comunes. Estos cambios sociales reflejan cambios económicos, como el giro en la producción de manufacturas pesadas hacia los servicios y el procesado de información. Los cambios económicos van acompañados de cambios en las actitudes y el comportamiento respecto al trabajo, los papeles sexuales, el matrimonio y la familia. Las culturas están integradas no simplemente por sus actividades económicas y sus patrones sociales dominantes, sino también por los temas, valores, configuraciones y visiones del mundo que permanecen. Las culturas preparan a sus miembros individuales para compartir ciertos rasgos de la personalidad. Los elementos separados de una cultura pueden integrarse mediante símbolos clave, como la fertilidad o el militarismo. Un conjunto característico de valores centrales   (claves, básicos) integran cada cultura y contribuyen a distinguirla de otras. Por ejemplo, la ética de trabajo,   5 el individualismo, los logros y la confianza en uno mismo son valores centrales que han integrado la cultura norteamericana a lo largo de generaciones. Otras culturas están pautadas por un conjunto diferente de valores. La gente utiliza creativamente la cultura Aunque las reglas culturales nos dicen qué hacer y cómo hacerlo, no siempre seguimos su dictado. Las personas pueden aprender, interpretar y manipular la misma regla de formas diferentes, utilizando creativamente su cultura en lugar de seguirla ciegamente. Incluso si están de acuerdo sobre lo que debe y no debe hacerse, las personas no siempre hacen lo que dice su cultura o lo que otra gente espera. Se transgreden muchas reglas, algunas muy a menudo (por ejemplo, los límites de velocidad automovilísticos). Algunos antropólogos consideran útil distinguir entre la cultura ideal y la real. La cultura ideal consiste en lo que la gente dice que debería hacer y lo que dice que hace. La cultura real se refiere a su comportamiento real tal como lo observa el antropólogo. Este contraste es como el de emic/etic tratado en el capítulo sobre técnicas de investigación. La cultura es tanto pública como individual, ya sea en el mundo o en las mentes de las personas. Los antropólogos no sólo están interesados en los comportamientos públicos y colectivos, sino también en cómo piensan, sienten y actúan los individuos. El individuo y la cultura están vinculados entre sí debido a que la vida social es un proceso en el que los individuos interiorizan los significados de los mensajes públicos (culturales). Por lo tanto, por separado o en grupos, las personas influyen en la cultura mediante la conversión de su entendimiento privado en expresiones públicas (D'Andrade, 1984). Podemos estudiar este proceso centrándonos, bien en los aspectos públicos y compartidos de la cultura, bien en los individuos. La antropología y psicología tienen su punto de intersección en la antropología psicológica, que consiste en el estudio etnográfico y transcultural de las diferencias y similitudes en la psicología humana. Centrándose en el individuo, la antropología psicológica debe su existencia a que una descripción completa del proceso cultural pasa por ambas perspectivas, la privada y la pública. La cultura es adaptante y mal-adaptante Para hacer frente o adaptarse a las tensiones medioambientales, los humanos pueden recurrir tanto a rasgos biológicos como a patrones de comportamiento aprendidos basados en los símbolos. Además de los medios biológicos de adaptación, los grupos humanos emplean también «equipos de adaptación cultural» que contienen patrones acostumbrados, actividades y herramientas. Aunque los humanos continúan adaptándose biológica además de culturalmente, la dependencia de los medios culturales de adaptación ha aumentado durante la evolución homínida. A veces, un comportamiento adaptante que ofrece beneficios a corto plazo a los individuos podría dañar el entorno y amenazar la supervivencia del grupo a largo plazo. La manipulación creativa del entorno por el hombre puede fomentar una economía más segura, pero también puede agotar recursos estratégicos (Bennet, 1969, p. 19). Por tanto, a pesar del papel crucial de la adaptación cultural en la evolución humana, los caracteres y patrones culturales también pueden ser mal-adaptantes,   amenazando la existencia continuada del grupo (supervivencia y reproducción). Muchos patrones culturales modernos, como las políticas que fomentan la superpoblación, los sistemas inadecuados de producción de alimentos, el consumismo desmedido y la contaminación, parecen ser mal-adaptantes a largo plazo. Niveles de la cultura La destrucción de recursos y de biodiversidad para satisfacer apetitos culturales continúa en un mundo en el que se pueden distinguir tres diferentes niveles de la cultura: nacional, internacional y subcultural. Cultura nacional se refiere a las experiencias, creencias, patrones aprendidos de comportamiento y valores compartidos por ciudadanos del mismo país. Cultura internacional   es el término utilizado para tradiciones culturales que se extienden más allá de los límites nacionales. Puesto que la cultura se transmite mediante el aprendizaje más que genéticamente, los rasgos culturales pueden difundirse de un grupo a otro. Dos especies biológicas no pueden compartir sus medios de adaptación transmitidos genéticamente. Sin embargo, dos culturas  pueden compartir experiencias culturales y medios de adaptación a través del préstamo o la difusión. A través de la difusión, la migración y las organizaciones multinacionales, muchos rasgos y patrones culturales tienen un rango internacional. Los católicos romanos de diferentes países comparten experiencias, símbolos, creencias y valores transmitidos por su iglesia. Los Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Australia contemporáneos comparten rasgos culturales heredados de sus antepasados lingüísticos y culturales comunes de Gran Bretaña.
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