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Etnoarqueología del combustible: Una aproximación arqueológica a las interacciones sociales entre bosques, árboles y personas

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En este artículo expongo algunas reflexiones en torno al uso de la etnoarqueología como escenario para el estudio de las relaciones entre los humanos y su entorno. Partiendo de una revisión bibliográfica (que no pretende ser exhaustiva) y de diversos
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  325 Complutum  28(2) 2017: 325-340 Complutum ISSN: 1131-6993 http://dx.doi.org/10.5209/CMPL.58433 Etnoarqueología del combustible: Una aproximación arqueológica a las interacciones sociales entre bosques, árboles y personas 1 Llorenç Picornell-Gelabert 2   Recibido: 9 de septiembre de 2016 / Aceptado: 15 de febrero de 2017 Resumen. En este artículo expongo algunas reexiones en torno al uso de la etnoarqueología como escenario para el estudio de las relaciones entre los humanos y su entorno. Partiendo de una revisión bibliográca (que no pretende ser exhaustiva) y de diversos casos de estudio de mi trabajo de campo en Ghana y Guinea Equatorial, discuto como las relaciones entre personas y árboles para el uso de la madera – leña – como combustible constituye una arena social de interacción entre humanos y no-humanos. Analizo como estas prácticas cotidianas de aprovisionamiento y consumo energético en el bosque, lejos de ser prácticas monótonas y alejadas de toda creatividad social, se integran y participan de la materialización de las diversas formas en que las sociedades humanas perciben el entorno y lo socializan mediante la acción material sobre éste. De esta forma, se evidencian algunas discusiones que permiten (i) generar aproximaciones arqueológicas a este tipo de cuestiones relacionadas con las interacciones entre naturaleza y cultura; e (ii) integrar perspectivas, aproximaciones, prácticas y narrativas entre las llamadas arqueología cientíca (en especial referencia a la antracología, disciplina encargada del estudio de restos materiales de árboles y arbustos, carbón y madera, en yacimientos arqueológicos) y arqueología teórica o antropológica . Palabras clave: Árboles; combustible; arqueobotánica; antracología; naturaleza-cultura. [en] Fuel Ethnoarchaeology. An Archaeological Approach to Social Interactions  between Forests, Trees and People Abstract. In this article I depict some considerations about the use of ethnoarchaeology as a scene for the study of the relations between humans and the environment. On the basis of a bibliographical revision (which do not intend to be exhaustive) and from diverse cases of study from my eldwork in Ghana and Equatorial Guinea, I discuss how relations  between people and trees for the use of wood – rewood – as fuel constitutes an arena of social interaction between humans and non-humans. I analyze how these everyday practices of energetic supply and consumption in the forest, far from being monotonous practices away from social creativity, are integrated and participate in the materialization of the diverse forms in which human societies perceive the environment and socialize it through material action. In this sense, diverse discussions arise and allow (i) generating archaeological approaches to this kind of culture-nature interactions; and (ii) integrating perspectives, approaches, practices and narratives between the so-called “scientic archaeology” (with special emphasis on anthracology, the discipline studying the material remains of trees and shrubs - wood and charcoal - in archaeological sites) and “theoretical or anthropological archaeology”. Keywords: Trees; Fuel; Archaeobotany; Anthracology; Nature-Culture. Sumario. 1. Árboles y ciencias sociales (introducción). 2. Prácticas invisibilizadas: aprovisionamiento y consumo de combustible. 3. Etnoarqueología de los árboles y el combustible. 3.1.  Paleoeconomía  del combustible. 3.2. Árboles, combustible y construcción del espacio social. 4. Visibilización de los árboles y de las prácticas cotidianas de consumo energético en las narrativas arqueológicas (reexión nal).  ARTÍCULOS 1  Este trabajo ha sido realizado gracias a una beca postdoctoral Beatriu de Pinós del AGAUR-Generalitat de Catalunya (2140BP- A00216). El trabajo de campo del que proceden los ejemplos etnográcos ha sido realizado en Guinea Ecuatorial con nanciación del MAEC-AECID, el Ministerio de Cultura (julio-octubre 2007-2008, agosto 2009; agosto 2010, enero-febrero 2012) y la Fondation Maison des Sciences de l’Homme (febrero-marzo 2013, beca Fernand Braudel); y en Ghana con nanciación del Ministerio de Cultura (“Arqueología en la cuenca alta del Volta Blanco, Noreste de Ghana”, junio 2015 y febrero 2016). 2  UMR 7209 Archéozoologie, Archéobotanique: sociétés, pratiques et environnements.  Muséum National d’Histoire Naturelle – Centre National de la Recherche Scientique – Sorbonne Universités.  ArqueoUIB Grup d’Investigació en Cultura Material i Gestió del Patrimoni Arqueològic. Universitat de les Illes Balears. E-mail: tokelau24@gmail.com  326Picornell-Gelabert, Ll.  Complutum  28(2) 2017: 325-340 1. Árboles y ciencias sociales (introducción) Desde hace décadas, tanto la antropología como la arqueología han explorado las rela -ciones entre humanos y los diversos elementos que componen lo que convenimos en llamar naturaleza. La profusión de trabajos y semi-narios sobre relaciones entre animales huma-nos y no-humanos es especialmente fructífe-ra en este sentido (Elden 2006; Ingolg 1988; Ito 2008; Philo y Wilbert 2000), así como lo son las diversas y numerosas aproximaciones al paisaje (p. ej. Wu 2010). Por lo que respe-ta al mundo vegetal, también se ha prestado atención a diversos aspectos sociales de las interacciones entre humanos y plantas, como el signicado social de la recolección y pro -ducción de plantas comestibles (Bradley 2005: 121-144; Hastorf 2009; Palmer y Van der Veer 2002). En cierto modo, todos estos campos de estudio  parten del impulso que representa el cuestiona-miento de la esencia y las relaciones entre dos grandes categorías de la modernidad: naturale-za y cultura. En antropología, la cuestión na-turaleza/cultura ha dado pie a la construcción de un gran campo de estudio (Descola y Pál-son 2001; Descola 2005; Ingold 2000; Latour 1991), aun siendo un terreno resbaladizo y po- lémico, pero extremadamente atractivo (Inglis y Bones 2008). En este contexto, y en lo que reere a la  práctica arqueológica, el estudio de las rela- ciones socio-ambientales ha experimentado un cierto impulso. Diversas disciplinas arqueoló-gicas, impulsadas por este creciente interés, han ido desarrollando múltiples métodos y técnicas de investigación centrados en generar nuevos conjuntos de datos ambientales a partir del estudio del registro arqueológico. La lla- mada arqueología ambiental ha experimentado desde la segunda mitad del siglo XX un impor-tante desarrollo precisamente impulsada por la centralidad que las cuestiones ambientales han adquirido en las agendas arqueológicas. No obstante, este desarrollo se ha llevado a cabo a partir de una cierta incomunicación o desco- nexión entre la llamada arqueología cientíca , aquella que  genera datos  desde disciplinas de las ciencias naturales, y la arqueología teórica o antropológica , encargada de la interpreta-ción social e histórica del registro arqueoló- gico (Lu y Rowley-Conwy 1994; Pollard y Bray 2007; Jones 2001). En cualquier caso, tanto en la arqueología como en otras ciencias sociales, existe una de -terminada categoría del mundo natural cuya relevancia social no ha sido sucientemente explorada. En el apogeo de los estudios sobre las interacciones entre agentes humanos y no-humanos, los árboles nunca han adquirido una  posición relevante en la interrogación de las implicaciones teóricas y metodológicas que éstos representan para las ciencias sociales. A  pesar de la publicación de importantes obras en este sentido, es una constante en ellas la vi-sibilización de la falta de atención a estos ele-mentos naturales (Rival 1998; Jones y Cloke 2002; Watkins 2014). Esta invisibilidad de los árboles en la literatura de las ciencias sociales no parece una excepción en el caso de la ar  -queología, a pesar que desde hace décadas se desarrolla una disciplina de la llamada arqueo-logía ambiental, la antracología, precisamente dedicada al estudio de los restos de estas plan-tas leñosas en el registro arqueológico. Esta situación constituye el punto de partida de mi aproximación a la etnoarqueología como antracólogo , es decir, como arqueólogo espe- cializado  en el estudio de carbones y maderas  procedentes de yacimientos arqueológicos. En este artículo voy a ilustrar como los estudios etnoarqueológicos proporcionan herramien-tas para construir una práctica arqueológica (y antracológica) que permita enriquecer las narrativas sobre las relaciones entre personas y árboles en el contexto de las complejas in -teracciones entre lo humano y lo no-humano (entre cultura y naturaleza). A pesar de que el objeto de estudio de los antracólogos, madera y carbón, representa esencialmente restos ma-teriales de árboles del pasado en el registro ar-queológico, la verdad es que la disciplina no ha sido ajena ni a dicotomía naturaleza-cultura (cientíco-teórico) ni a la deciente (si no inexistente) teorización del árbol como agente en las complejas redes de interacciones socio-ambientales. En realidad, desde el inicio de la cristali-zación de la antracología como disciplina, la Cómo citar : Picornell-Gelabert, Ll. (2017): Etnoarqueología del combustible: Una aproximación arqueológica a las interacciones sociales entre bosques, árboles y personas. Complutum,  28(2): 325-340.  327Picornell-Gelabert, Ll.  Complutum  28(2) 2017: 325-340 división heurística entre lo social y lo ambien-tal ha sido el combustible de la mayoría de los debates entre los especialistas. No obstante, desde hace unas décadas, la comunidad an-tracológica apela a la necesidad de construir nuevas aproximaciones al registro que partan de perspectivas menos sesgadas que permitan  proporcionar conjuntos de datos y argumen- tos para la aproximación a las relaciones so -cio-ambientales (p. ej. Asouti y Austin 2005; Austin 2000; Piqué 1999; Picornell-Gelabert y Servera-Vives 2017). En este sentido, se ha  propuesto la etnoarqueología como una de las vías para enriquecer los marcos de referencia de la disciplina, los objetos de estudio (diver-sos) y las cuestiones que dirigimos al registro antracológico. Esto debe ayudarnos en la tarea de unicar intereses (preguntas) y prácticas (aproximaciones al registro arqueológico) de la comunidad arqueológica en su conjunto (y no solo de la estrictamente antracológica). Esta unión entre intereses y prácticas arqueológicas constituye una estrategia para la construcción de nuevas narrativas arqueológicas que permi-tan visibilizar la relevancia social de los árbo-les (y no solo de los carbones como  fósiles  de árboles de ecosistemas pretéritos a reconstruir) y, a su vez, contribuir a enriquecer el análisis de las relaciones entre humanos y no-humanos en la literatura arqueológica. Es en este contexto que sitúo el presente artículo. Sin pretender realizar una revisión exhaustiva de todos los trabajos etnoarqueoló - gicos en los que los árboles forman parte, ex - plícita o implícitamente, del objeto de estudio,  presentaré diversos aspectos signicativos de la etnoarqueología (algunos de la literatura, otros de mi propio trabajo de campo) para la construcción de nuevas preguntas dirigidas al registro arqueológico y la conguración de nuevos marcos de referencia para el ejercicio de la disciplina. Así, el principal objetivo es alimentar y enriquecer reexiones críticas que hagan converger mediante la etnoarqueología objetivos, intereses y prácticas de la comuni-dad arqueológica interesada en las interaccio-nes entre personas y árboles, entre sociedad y entorno, entre naturaleza y cultura. 2. Prácticas invisibilizadas: aprovisiona-miento y consumo de combustible Si algo puede aportar la antracología al debate sobre la invisibilidad de los árboles en la lite-ratura de las ciencias sociales es una ya madu- ra reexión en torno a la relevancia material y social de diversas prácticas cotidianas en que la madera, presencia material del árbol, cons- tituye un elemento central. Existen numerosas razones de carácter teorético para poner de re-lieve la escasa visibilidad de los árboles en la literatura de las ciencias sociales (Rival 1998; Jones y Cloke 2002; Watkins 2014), pero una de las más relevantes desde un punto de vista arqueológico, debido a su relevancia material, es la falta de atención sobre las prácticas de aprovisionamiento y consumo de combustible. Desde la domesticación del fuego hasta la reciente y parcial generalización de los com- bustibles fósiles, la madera, biomasa vegetal de las plantas leñosas, constituye la principal fuente energética de la humanidad. Asimismo, los fragmentos de carbón, residuos materiales de éste consumo energético, constituyen de- bido a su naturaleza favorable a la preserva- ción en contextos arqueológicos, los más re -currentes restos de plantas en yacimientos de cualquier cronología en todo el planeta. Sin embargo, la atención a las actividades relacio-nadas con el aprovisionamiento y consumo de combustible es insignicante en la literatura arqueológica más allá de los propios trabajos antracológicos, a menudo presentados como anexos; es decir, trabajos realizados por espe-cialistas  y dirigidos a un público especializado  dentro de la comunidad arqueológica, pero aje-nos a las narrativas relacionadas con los aspec-tos sociales y culturales (Picornell-Gelabert y Servera-Vives 2017; Picornell-Gelabert et al.  2017). El consumo de combustible vegetal leñoso  – leña y/o carbón –, como toda práctica ener-gética, se estructura en relación a modos de  producción y consumo energético (Fernández y González 2014), prácticas que son a su vez estructuradas en relación a las interacciones que toda sociedad establece entre humanos y no-humanos (Horta et al.  2014: 115). Así pues, una aproximación arqueológica al consumo energético debe partir del reconocimiento de esta práctica socio-ambiental como supercie de interacción entre naturaleza y cultura. La  percepción del entorno y las relaciones mate-riales con éste son diversas, variables y crea-tivas en las culturas humanas (Descola 2012: 468). De esta forma, las complejas redes de interacción social que implica el consumo energético en la sociedad moderna capitalista no pueden ser extrapoladas a sociedades no-  328Picornell-Gelabert, Ll.  Complutum  28(2) 2017: 325-340 occidentales actuales o del pasado. Diferentes formas de percibir el entorno son indisolubles de diferentes maneras de relacionarse mate-rialmente con éste, de estar en el mundo  (Des-cola 2005). Esto da lugar a diferentes maneras de es-tructurar las prácticas de aprovisionamiento y consumo de combustible a partir de diversas maneras de entender los árboles. El consumo de combustible se desarrolla de forma coti- diana en los hogares y contextos domésticos. En este sentido, pues, se trata también de una  práctica coherente con la estructuración del resto de actividades de mantenimiento de los grupos humanos (Montón-Subías 2010; Her-nando 2005). En este sentido, la recolección y consumo de leña constituye una arena social en la que estos modos relacionales (  sensu Des-cola 2005), las formas diversas de entender y relacionarse materialmente con el entorno, son negociadas por los individuos de cada grupo social, socializadas, transmitidas a los hijos y perpetuadas como actividades domésticas recurrentes que identican al conjunto social (Austin 2000; Picornell-Gelabert y Servera-Vives 2017). Estas prácticas sociales relacionadas con el consumo energético están basadas en un co-nocimiento práctico transmitido generacional-mente mediante estas mismas acciones diarias que implican relación entre personas y plantas durante la recolección de la leña. Este proceso de aprendizaje, mediante el que se materiali-zan los modos relacionales propios de cada so-ciedad, está integrado en rutinas y hábitos que son igualmente relevantes para el análisis del consumo energético (Horta et al.  2014: 117). Este proceso de aprendizaje se realiza en los ámbitos domésticos y en relación a las prácti-cas que el grupo desarrolla cotidianamente en el paisaje, permitiendo la transmisión genera- cional de ideas especícas de espacio, paisaje y naturaleza ligadas a la identidad del grupo social (Austin 2000; Picornell-Gelabert y Ser-vera-Vives 2017). La literatura arqueológica ha relegado los agentes que desarrollan estas prácticas cotidia-nas de aprovisionamiento y consumo de leña a una supuesta pasividad, disciplina y rutina especícamente orientada a la satisfacción funcional de una necesidad material. El con-sumo energético en ámbitos domésticos ha sido denido como una tarea tediosa, obscu -ra, aborrecible y rutinaria (Heizer 1963: 189),  practicada por agentes minorizados en los dis-cursos históricos y arqueológicos (mujeres y niños, Montón-Subías 2010; Hernando 2005) y ajenos a la creatividad social. No obstante, es mediante estas prácticas que los agentes viven la experiencia de convenciones sociales rele -vantes para su identidad (De Certeau 1990) e intrínsecamente relacionadas con una determi-nada manera de entender y estar en el mundo (Descola 2005). En este sentido, una de las aportaciones más signicativas de la etnoarqueología es ofrecer un escenario de visibilización de es-tas complejidades y su relevancia social. El estudio etnoarqueológico de las relaciones en-tre personas y árboles/madera se convierte en un ejercicio mediante el cual estas cuestiones  pueden salir de la sombra en que aproximacio -nes funcionalistas (en referencia a la acción) y androcéntricas (en referencia a los agentes) las han condenado al considerarlas prácticas rutinarias ajenas a la creatividad social. Asi-mismo, la etnoarqueología ofrece también la  posibilidad de conjugar las prácticas de la co-munidad antracológica con discursos y narra-tivas arqueológicos más amplios, más allá de especializaciones disciplinarias . Los métodos y técnicas usados por los an- tracólogos han experimentado un notable desa -rrollo desde el inicio del siglo XXI, permitien- do ir más allá de la mera identicación taxo -nómica en el estudio de los restos arqueológi-cos de madera y carbón. Diversas actividades humanas en relación con los árboles quedan reejadas en la anatomía de la madera, permi - tiendo analizar diámetros explotados (ramas, troncos), tipo de aprovechamiento de la bioma-sa vegetal (tala, recolección de leña muerta) y gestión del estrato arbóreo de los bosques (po-das sistemáticas, irrigación) (Dufraisse 2008; Euba et al.  2015; Wrigth e. p.). Estos éxitos de laboratorio de la comunidad antracológica  permiten avanzar en el estudio de la relaciones entre personas y árboles mediante el registro arqueológico. Es precisamente en este sentido que una aproximación etnoarqueológica, des -de el presente, se convierte en especialmente oportuna, al ofrecer una posibilidad de diálogo entre las posibilidades técnicas de una disci- plina concreta, la antracología, con aspectos y debates teóricos más amplios compartidos por la comunidad arqueológica en general.  329Picornell-Gelabert, Ll.  Complutum  28(2) 2017: 325-340 3. Etnoarqueología de los árboles y el com-bustible Si la comunidad antracológica constituye el colectivo arqueológico más sensibilizado res- peto a la relevancia de las prácticas de apro-visionamiento y consumo energético (o prác- ticamente el único), no es de extrañar que sea de este mismo colectivo del que han surgido los estudios etnoarqueológicos sobre madera y combustible. En los últimos 20 años han ido apareciendo de forma intermitente trabajos et-noarqueológicos en la literatura antracológica. Aunque se trata de trabajos con objetivos y me-todologías muy diversas, la mayoría de ellos exploran el consumo energético - de leña - en contextos domésticos, ya que este tipo de con - juntos son los que centran la mayor atención de los propios estudios antracológicos. Así, si la investigación experimental, desarrollada en contextos controlados de laboratorio, ha per  -mitido a la disciplina desarrollar herramientas más diversas y efectivas para la interrogación del registro antracológico, la etnoarqueología se va perlando como un ámbito de reexión en el que, a partir de la experiencia etnográca, reexionar sobre aspectos teóricos y metodo -lógicos (Dufraisse et al.  2007; Picornell-Gela- bert 2009a, b; Picornell-Gelabert et al. 2011, Zapta et al.  2003). Son este tipo de cuestiones las que, partiendo de una reexión etnoarqueo - lógica, ayudan a enriquecer las aproximacio -nes al registro antracológico y, a su vez, las na-rrativas arqueológicas sobre las interacciones entre humanos y plantas. 3.1.  Paleoeconomía del combustible El estudio del consumo de combustible arbó-reo en grupos de cazadores-recolectores, que desarrollan modos relacionales signicativa -mente distintos al occidental (Descola 2012),  permite ilustrar como las diferentes percep-ciones del entorno y maneras de relacionarse con él implican también una relación mate-rial distinta con los árboles y los bosques. La economía del combustible  constituye un tema fundamental en el desarrollo de la antracolo- gía desde los inicios de su conguración como disciplina arqueológica, vinculada a la arqueo-logía paleolítica europea (Théry-Parisot 1998; Uzquiano 1992). Así, el estudio de la gestión del combustible en estos grupos ha dado lugar a algunos de los trabajos más inspiradores en los que se contrastan las premisas teóricas de la  paleoeconomía de grupos cazadores-recolec-tores desarrollados en arqueología. Estos ejer-cicios (Piqué 1999, 2002; Caruso et al. 2008; Caruso 2010, 2014, 2015; Henry et al.  2009; Henry y Théry-Parisot 2014a, b; Manzi y Spi-kins 2008) han alimentado debates teóricos de la disciplina antracológica, y de la propia ar-queología paleolítica, sobre la organización y signicación social de la captación de recursos en estos grupos, atenuando muchas asunciones de carácter reduccionista o funcionalista. En este sentido, un aspecto interesante es la propia concepción de recurso energético . Mediante el estudio de casos etnográcos se ha cuestionado la consideración de toda bio-masa vegetal – leña – de un paleopaisaje como recurso energético explotable por parte de gru - pos cazadores-recolectores. Estudios detalla- dos de casos etnográcos han puesto de relie -ve las complejas relaciones que se establecen entre personas, las diversas actividades que es-tas desarrollan y el entorno, demostrando que  para que la madera de un árbol o un arbusto sea recolectada y consumida como leña deben cumplirse determinadas condiciones sociales que van más allá de su mera presencia en el entorno de un campamento de cazadores-reco-lectores (Piqué 1999). Estos trabajos etnoar-queológicos han cuestionado el estudio de la recolección de leña como una práctica de ex- plotación del entorno que pueda explicarse  per  se , en base a la biodiversidad (especies leñosas  presentes en el entorno) o a las propiedades físico-químicas de la madera de cada especie, sin tener en cuenta su contexto social. Desde la consideración de la madera de determina-dos árboles y/o de una masa forestal concreta como una fuente energética explotable, hasta las prácticas diversas que acompañan los des- plazamientos para su captación y la diversidad de usos y contextos de consumo de esta leña (con gran diversidad de signicados sociales), existen complejas redes de interacción social de las que no se puede abducir de la captación y consumo de combustible (Henry et al. 2009; Henry y Théry-Parisot 2014a, b). Estos casos de estudio etnográcos, pues, evidencian como las prácticas de consumo energético en estos grupos, lejos de ser tareas simples, monótonas, tediosas y desconectadas de toda complejidad social, constituyen un elemento importante a la hora de aproximar  -nos a las complejas redes de interacción en-tre agentes humanos y no-humanos (Caruso, Mansur y Piqué 2008). Visibilizan igualmente
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