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El Hombre y la Religión

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El Hombre y la Religión
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En la actualidad, con la crisis espiritual que estamos padeciendo, el mundo en el que vivimos necesita cada vez más demostraciones racionales sobre la existencia de Dios. Sin embargo, aunque resulta muy complicado determinar la existencia de Dios es indudable que las religiones existen y que éstas han acompañado todas las etapas de la historia humana y han modelado la vida y la cultura de los pueblos. Según el autor, durante toda la historia ha habido una enorme preocupación por determinar cuál había sido el srcen del fenómeno religioso. Las primeras teorías indicaban que se trataba de un producto cultural, sin embargo, otras apuntaban a que la religión era un hecho inherente al ser humano por lo que se denominaría un “ homo   religious ”. En esta obra se aborda la presencia de Dios en la historia de las religiones los ritos, los símbolos, los sacramentos y la dimensión religiosa del hombre. Como punto de partida, el autor abre un apartado relacionado a los símbolos religiosos dado que dentro del mundo de la religión todo es simbólico tanto los grupos religiosos como las creencias, las acciones culturales, los mitos. Existe una gran variedad de elementos hierofánicos (término acuñado por Mircea Eliade) en todas las secciones de la vida dado que la religión sacraliza todo lo que toca. Por otro lado Velasco argumenta que el ser humano con el mero hecho de vivir y existir crea simbolismo y al estar rodeado por elementos simbólicos, se puede concluir que el hombre es el símbolo srcinario. De acuerdo con su significado símbolo es “ un  signo que establece una relación de identidad con una realidad, generalmente abstracta, a la que evoca o representa” . Por lo tanto, se puede intuir que el ser humano es la parte visible que une la realidad con la espiritualidad. En consecuencia, la raíz de los símbolos sagrados es el ser humano, es cuando el hombre experiencia dichos símbolos cuando éstos se hacen visibles. Llegado a este punto es de suma necesidad abrir un pequeño apartado para explicar el significado de lo sagrado en contraposición con lo profano ya que el autor enfoca su obra a la explicación de los símbolos sagrados. Se trata de una noción que   permite a una sociedad humana creer en una separación binaria espiritual o moral entre diferentes elementos que la componen, la definen o representan. Pero, ¿quién es el encargado de dotar un símbolo con “lo sagrado”? Indudablemente, sin la existencia del ser humano no podría existir ni lo sagrado ni lo profano, por consiguiente, es necesario un “homo religiosus ” para surja lo sagrado. Es pues la perspectiva religiosa la que convierte a un símbolo en sagrado. Sin embargo he aquí donde se empiezan a abrir interrogantes que han sido objeto de investigación de los científicos de la historia de las religiones: ¿cómo, dónde y cuándo surge el “ homo   religiosus ”?. Sin embargo este no es el tema que nos concierne en este ensayo. Ya en un nuevo apartado el autor hace referencia a la naturaleza y el alcance la de la dimensión religiosa en cuanto a las raíces de los símbolos religiosos. Según Velasco, cada religión tiene sus propios símbolos que girarán entorno a la figura de Dios (o lo divino), considerada el srcen o raíz de los mismos. Obviamente cada religión, tiene una forma propia de interpretar esta espiritualidad dotándole de diversas y muy distintas formas. Además el “homo religiosus” identifica dicha deidad como el srcen de su existencia, viéndola como un ente superior al que se siente unido y pasa a ser su elemento de veneración. Por ejemplo, en nuestra tradición judeo-cristiana Dios es el creador del mundo, es nuestro Padre, es nuestro elemento de veneración; los cristianos vemos a Dios como un ser superior capaz de interceder por nosotros y que gracias al cual conseguiremos nuestra salvación, hecho que nos hace estar unidos a Él y al más allá mediante una fuerza espiritual. No obstante, a muchos les resulta incomprensible que el srcen de nuestra propia existencia no tenga una explicación demostrable y creen que es una “fe ciega” ya que creemos en algo que no vemos y que  por ahora no tiene demostración. A pesar de ello, aunque no se pueda demostrar lo que es innegable es que ha sido el punto de referencia de muchas creencias y experiencias que ha experimentado el ser humano a lo largo de toda la historia. De acuerdo con Wittgenstein: “ aunque lo místico no se puede demostrar ni describir con el lenguaje, existe y se muestra por sí mismo”  quiere decir que lo inexpresable que así mismo se demuestra eso es lo simbólico. En el siguiente apartado, el autor hace referencia a los “caminos para el descubrimiento teologal de la persona. Honestamente, he de reconocer que ha sido la  parte del texto de más difícil comprensión dado su alto grado de misticismo, tema con el que nunca he estado en contacto. Por lo que he entendido, que puede que no esté en lo  cierto, el autor nos da a entender al igual que dice Santo Tomás, el ser humano transcenderá más allá de lo terrenal a través de su alma y perdurará por los siglos de los siglos; como bien dice Aristóteles en una “vida eterna y divina”. Además, Velasco nos  plantea es una serie de preguntas trascendentales filosóficas para hacernos recapacitar sobre nuestra propia existencia y para hacernos partícipes de su obra. Las cuestiones son las siguientes: ¿cómo es el mundo? y la más importante ¿cómo soy yo? Para resolver y entender la primera pregunta me quedo con la respuestas de Wittgenstein haciendo referencia a Tractatus de  “no es lo místico cómo sea el mundo sino que sea el mundo”  y “sentir el mundo como un todo limitado es lo místico” . Todo esto nos da a entender que la gratuidad completa del mundo exige la existencia de un ser superior necesario, un Dios. En relación a la segunda pregunta, podemos encontrar la solución ya en apartados anteriores del capitulo cuando el autor argumenta que no es necesario salirse del ser humano para poder ser explicado. Como dice San Agustin “Noli foras ire, in teipsum redi; in interiore homine habitat veritas: no vayas fuera, entra en tí mismo: en el hombre interior habita la verdad” . No obstante, alcanzar este interiorismo resulta complicado e incluso ni uno mismo comprende todo lo que en realidad es. Estas divagaciones a cerca del propio ser humano y el mundo en el que vive el autor las considera dimensiones teologales. Para finalizar el apartado Velasco señala que el motor de la vida de un de éste humano interior es el deseo, por ende todos los hombres se mueven dirigidos por su deseo e impulsados por el amor. Tras este análisis profundo y místico sobre la existencia del mundo, del ser humano y la espiritualidad el autor nos hace reflexionar acerca de la incredulidad de aquellos que miran con indiferencia e increencia la dimensión religiosa. Por increencia el autor no sólo se refiere a la carencia total de fe religiosa sino que también al agnosticismo. La causa principal de dicha increencia es el triunfo del materialismo y consumismo, del bienestar como fin en sí mismo que ha eliminado todo voluntad religiosa, dado que el ser humano se encierra en la búsqueda del bienestar material, objetivo único y principal de la vida. Por ello la dimensión religiosa es excluida por los hombres “ciegos” por considerarse inútil para lograr el bienestar; sin embargo el  bienestar alcanzado es material carece por completo de espiritualidad, vacío totalmente de amor y felicidad. La verdad es que el mundo en el que vivimos se enfoca más en el mundo material pero haciendo uso del refranero español “no es más rico el que menos tiene sino el que menos necesita”  Según el autor, la sociedad en la que vivimos se encuentra en avanzado estado de secularización, esto quiere decir que las tradiciones religiosas están sufriendo una grave crisis. Antes de continuar con los pensamientos del autor me gustaría ofrecer mi  punto de vista en este aspecto. Hoy en día las iglesias se están quedando vacías, la  población va perdiendo la fe paulatinamente, sólo hay que acudir un día a misa para darse cuenta del alcance de la situación; pero ¿realmente está perdiendo el ser humano la fe? En mi humilde opinión no, tras charlas con familiares y amigos cercanos, el hombre sigue creyendo en la existencia de un ser divino, un ser superior y de un más allá. El problema real reside en la iglesia como institución, la gente ha perdido su confianza en ella y la mira con recelo. Sé que es un tema un poco delicado pero creo que la iglesia como institución y ante los tiempos que corren se debería renovar y regenerar sin por ello perder sus doctrinas ni sus dogmas de fe. Sin embargo y de acuerdo con el autor, estas personas que han perdido la fe en las instituciones, aunque ellas ni ellas mismas lo sepan siguen teniendo una dimensión teologal en ellas mismas. Muchas veces se hace un uso indebido de las palabras del Señor, no es más religioso el que más acuda a misa sino el que con sus actos consiga esa Transcendencia espiritual, y con actos no quiero decir simplemente actos religiosos o sacrificios sino llevar una vida plena, llena de buenos actos; es lo que denomina Rahner “mística de la cotidianidad  ”. Este autor sostiene que todos los que viven de manera moderada, desinteresada, honesta, valiente y en silencioso servicio a los demás puede experimentar este tipo de misticismo. En el último apartado del capítulo, Juan Martín Velasco nos habla de la grave crisis que están atravesando las religiones tradicionales y como yo misma apuntaba anteriormente sus instituciones. La iglesia ya no tiene importancia social relevante y aparentemente en el futuro como la situación continúe así estará libre de ellas. Existe una preocupación palpable entre los creyentes si serán los últimos religiosos de la historia. ¿Será eso posible? Sencillamente creo que no, perdurará la dimensión teóloga  pero no igual que la tradicional. Los seres humanos tendremos las mismas  preocupaciones trascendentales y la misma inquietud por saber sobre nosotros mismos sobre el mundo que nos rodea y por saber qué nos deparará la vida e incluso en el más allá. Además como bien recuerda el texto las palabras de Rosenzweig: “Dios creó al hombre, no la religión”  por lo tanto estos creyentes no deberían estar tan preocupados  por la desaparición de la dimensión religiosa sino por la continuación de nuestra especie
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