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  Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / ISSN en línea 1851-9490  / Vol. 18 Revista en línea del Grupo de Investigación de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / INCIHUSA – CONICET / Mendozawww.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / Año 2016 / Artículos (1–16) 1 Chileno, profesor del Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago de Chile, el artículo es producto del proyecto Fondecyt Nº1110860. < eduardo.deves@usach.cl> < www.eduardodevesvaldes.cl>. La expresión pública y la sociedad civil en Nuestramérica: esquema y unidad de análisis para una historia comúny una inserción internacional Public expression and civil society in Our–America (NuestraAmérica): schema and“unit of analysis” for a common history and international insertion Eduardo Devés–Valdés 1 Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago de Chile Recibido:  17/05/2015  Aceptado:  18/06/2015 Resumen Este trabajo se ocupa de la constitución de una expresión pública nuestramericana, y de las posibilidades de la noción para constituirse como unidad de análisis para una historia regional común, donde el conocimiento–pensamiento tenga un papel protagónico. Para ello se destacan dos dimensiones: una conceptualización para tratarla y un esquema de los hitos históricos principales. De este modo, en la primera parte, se trabajan conceptos como: expresión pública, sociedad civil, pensamiento latinoamericano, unidad de análisis; en la segunda, se hace un recuento histórico de la expresión pública regional: personas, agrupaciones, medios de comunicación, instituciones que se han articulado más allá de sus territorios de srcen y de sus pertenencias nacionales para entender, expresar  y proyectar la región hacia el espacio mundial; en la tercera parte, se intenta mostrar algunas elaboraciones del pensamiento de Nuestramérica sobre estos hitos, sus figuras y sus propuestas. Palabras clave:  Expresión pública; Historia regional; Sociedad civil; Redes intelectuales. Abstract This article deals with the constitution of a Latin American public expression, and with the possibilities of the concept to incorporate as a “unit of analysis” for a common regional history, where the knowledge–thought have a leading role. This highlights two dimensions: a conceptualization to treat it and an outline of the main historical landmarks. Thus, in the first part, some concepts are elaborated as: civil society, Latin American thought, public expression, unit of analysis; in the second, a historical account of the regional public expression is: people, groups, media, institutions that have been articulated above and beyond their territories of srcin and their national belongings to understand and speak about the region; the third part tries to show some elaborations of “Nuestramerican” thinking about these landmarks, their thinkers and their proposals. Keywords: Public expression; Regional history; Civil society; Intellectual networks. n el presente artículo, heredando la trayectoria del pensamiento de la re-gión, argumento en torno a la nece-sidad de una unidad de análisis que posibilite pensar mejor la historia nuestramericana como conjunto, a la vez que facilite acciones concer-tadas entre quienes forman parte de la región  y apuntan a insertarse en el espacio mundial. Se recurre a la dupla articulada “expresión pública” y “sociedad civil” como criterio que podría cumplir este papel complementando, por una parte, y superando por otra la unidad de análisis “suma de Estados–nación (E–N)”. Para esto es necesario mostrar su viabilidad para recoger la trayectoria y su para asumir protagonismo.  2Eduardo Devés–Valdés / La expresión pública y la sociedad civil en Nuestramérica: esquema y unidad de […] Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / ISSN en línea   1851-9490  / Vol. 18 www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / 2016 / Artículos (1–16) A–Conceptualización La noción “expresión pública” se constitu- ye sobre la base de nociones como sociedad civil por una parte, opinión pública, espacio público, sociabilidad, esfera internacional y redes intelectuales. Denomino “expresión pú-blica” aquella expresión que emerge en–sobre la región con un sentido propositivo. Los agentes se conforman como intelectualidad regional, como intelligentsia , en la medida que formulan propuestas para la región, sean estas voces propiamente intelectuales o de lideranzas sociales y políticas, de medios de co-municación, de organizaciones, como también voces que provienen de organismos estatales e intergubernamentales. Esta expresión pública, que contrasta por otra parte con la frecuen-te acción represiva de los estados, emerge muchas veces con un afán de articulación amplia, más allá de las fronteras nacionales. Es esta principalmente la que interesa en este trabajo, una expresión pública regional, internacional o al menos subregional: andino, platense, conosureño, amazónico, centroame-ricano, mesoamericano, caribeño. Se acude a la noción sociedad civil debido a que es la que más se emparienta, aunque no se considera sinónimo, ni menos base ex-clusiva. Entre los grupos que la constituyen, se cuentan las redes, logias, sindicatos, órdenes religiosas, redes familiares, masonería, grupos empresariales, gremios, ONGs, fundaciones y organizaciones juveniles y estudiantiles, entre otras, aunque también la sociabilidad articulada a estas asociaciones. Por eso la noción “sociedad civil” ayuda a formular esta unidad de análisis, pero no es suficiente. Permite mostrar que en muchas oportunidades estos grupos se constitu- yen independientemente, sin representar la voz de los estados, aunque en otras son apoyados por estos, pues sus encuentros derivan de mi-siones, becas de estudios, salarios, beneficios o prebendas. En todo caso, lo que aquí interesa es más la expresión pública que la sociedad civil, cuestiones que muchas veces tienden a fundirse en la esfera mundial.De hecho, existen diversas líneas de reflexión para llegar a una discusión sobre la consti-tución de una esfera pública. No todas estas líneas conceptualizan el problema de manera similar, aunque a todas interesa la constitución de la discusión, la opinión la participación en el espacio público dentro del estado nación y progresivamente, más allá de esto, hacia lo meta–nacional 2 .La más clásica y reconocida proviene de la filosofía política europea, comprendiendo a G. F. Hegel 3 , A. Tocqueville, A. Gramsci y J. Habermas. En las últimas décadas se ha ido expresando de muy diversas formas con matices  y acentuaciones, por ejemplo, D. García Marza muestra las elaboraciones al respecto, siempre entre muchas otras personas. Otra línea de re-flexión más reciente, emerge desde las teorías de la comunicación, algunos de cuyos represen-tantes más destacados son: M. Mac Luhan y M. Castells, S. Hall, Silviano Santiago y J. Martín–Barbero. Otra todavía viene del pensamiento negrista intentando poner en relieve la presencia de una muy amplia esfera de discusión pública, a partir de agentes afros y afrodescendientes: G. Padmore, K. Nkrumah, Rupert Lewis, Paul Gilroy, Michael O. West y William G. Martin. Una cuarta viene desde la historiografía intelectual latinoa-mericana, ocupada de la constitución de una historia compartida, de las redes intelectuales  y políticas: R. Melgar, Marta Casaús y Eduardo Devés. Todavía encontramos una línea de traba- jo, en parte heredera de las anteriores ocupada explícitamente de la sociedad civil más allá del E–N: Mary Kaldor y Lincoln Bizzozero. Habiendo en cada una de estas trayectorias acentuaciones, posiciones encontradas y traslapes, este trabajo hereda de todas, aunque de manera especial de las dos últimas.La expresión pública se ha conceptualizado en el pensamiento latinoamericano también como expresión americana. Se ha escrito rela-tivamente poco sobre la historia de la sociedad civil como unidad en NA (ver Sorj. 2012), aunque existen numerosos trabajos por países, separada-mente, que intentan mostrar sus desarrollos (ver Dagnino et alt. 2002, Olvera et alt. 2003, Panfichi et alt. 2002). Esta escasez de escritos acerca de 2 Entiendo por metanacional el ir más allá de las fronteras, especialmente por parte de agentes de la sociedad civil, en dimensiones más bien vecinales que no globales.3 En virtud de abreviar el trabajo omito buena cantidad de bibliografía.  3Eduardo Devés–Valdés / La expresión pública y la sociedad civil en Nuestramérica: esquema y unidad de […] Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / ISSN en línea   1851-9490  / Vol. 18 www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / 2016 / Artículos (1–16) la región como unidad, podría llevar a pensar que se debe a que la historia de la sociedad civil latinoamericana es pobre, sin embargo, existe una importante proliferación de iniciativas de sociedad civil y expresión pública que no ha sido relevada. En esta constitución, la intelectualidad ha tenido un papel importante, asociada muchas veces al quehacer político e incluso estatal, don-de se ha emitido un discurso para la región y que ha sido recepcionado regionalmente. Existe, por otra parte, una importante trayec-toria en el pensamiento latinoamericano acerca de “expresión americana” en la cual puede ubi-carse a figuras como P. Henríquez Ureña (1986), Esther de Cáceres (1964), Concha Meléndez (1958) y José Lezama Lima (1981).Esta trayectoria no alude principalmente a un espacio público sino más bien a la constitución de un discurso auténtico y las condiciones de su constitución, como plantean A. Salazar–Bondy (1968), L. Zea (1969). Esta línea de pensamiento permite ela-borar un discurso donde se unifiquen líneas de trabajo que se entroncan, por una parte, en la filosofía política, la sociología, las ciencias de la comunicación, los estudios internacionales y el ensayo sobre la cultura y el pensamiento de Nuestramérica. Por lo demás, lo que se deno-mina como pensamiento en nuestra región ha sido fruto en gran parte de estas iniciativas de expresión regional. En otras palabras el pensa-miento latinoamericano puede entenderse como expresión pública regional. En la constitución de una expresión pública, la intelectualidad en un sentido amplio y nuestro pensamiento han alcanzado un papel protagónico. El pensamiento nuestramericano , al concebirse como expresión regional ha permitido hablar desde y para la región, estableciendo un ámbito de discusión pública por sobre las diferencias nacionales.Quiero tomarme de las palabras de Leopoldo Zea (1978) cuando, sintetiza el pensamiento de Carlos Real de Azúa, en relación a que el estudio de las ideas permite entender la trayectoria de nuestra historia y elaborar así alguna filosofía de la historia. Afirma Zea que "se da el paso de una historia de las ideas a una filosofía de la historia. Filosofía que empieza por serlo de las ideas, ‘filosofía de la historia de las ideas’. ‘Una filosofía de la historia de las ideas erigidas, imperialística y aun inevitablemente –dice Real de Azúa– en filosofía de la historia a secas’. Filosofía que resultará ser propia de pueblos marginados, subordinados, dependientes y, por lo mismo, filosofía de la historia distinta de la de los pueblos centro, imperiales y colonizado-res". Dicho más precisamente a los fines de este trabajo: la historia de las ideas de Nuestraméri-ca va mostrando, en numerosas coyunturas, la emergencia simultánea de ideas, de una esfera pública y de una expresión regional. En este sentido se van reconociendo como partes de un todo y constituyendo ese todo como unidad, con temas propios, con interacción, con espacios de discusión, con una sociedad civil y particu-larmente una sociedad civil intelectual donde, a pesar de los afanes nacionalistas o chovinistas de los E–N, se constituye como unidad y se for-mulan propuestas, objetivos y tareas comunes.  Advierto entonces una línea de pensamiento y de integración intelectual que puede inspirar el desarrollo de un quehacer más amplio, con múl-tiples dimensiones y con carácter regional.Esta unidad de análisis permite contar la historia de quienes han ido constituyendo la región como totalidad, pero esta no es una ten-dencia única ni menos comprensiva de todas las personas y todos los seres vivos. No todas las voces son escuchadas y además aparecerán otras voces y con otros tonos... Debemos asumir  y manejarnos en esta tensión y suponer que una unidad de análisis es mejor si es más compren-siva, aunque por otra parte, es destacable que todas dejan aberturas que permiten contar la historia de otras maneras y contar otras historias, dejadas en el tintero. Asumido esto, debe desta-carse que se trata de acoger las voces que, a la manera performativa, van nombrando la región y así contribuyendo a darle conciencia y existencia, en relación a factores geográficos, de trayectoria común, de economía, de idiomas compartidos  y de proyectos similares, entre otras cosas. Esas voces que dicen nosotros somos, queremos, protestamos, proponemos, hermanos, son las de Nuestramérica común.La sociedad civil en tanto que expresión pública puede entenderse como unidad de análisis para pensar la historia regional como totalidad. Contamos con manifestaciones muy antiguas de ello, al menos desde el siglo XVIII. Estas formas regionales de expresión pública pueden alcanzar el nivel de unidad de análi-sis para pensar y para organizar el relato de  4Eduardo Devés–Valdés / La expresión pública y la sociedad civil en Nuestramérica: esquema y unidad de […] Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / ISSN en línea   1851-9490  / Vol. 18 www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / 2016 / Artículos (1–16) la historia regional, permitiendo precisamente superar otras unidades de análisis de menor al-cance: superar en primer lugar aquella fórmula perezosa, incapaz de concebir la región más allá del E–N, y que intenta por tanto pensarla como simple sumatoria de E–N, cuyas historias corren en paralelo y quizás articuladas por al-gunas guerras fratricidas; superar también una fórmula conservadora que nos remite a cierta unidad latinoamericana asociada a una herencia colonial y a un catolicismo colonial barroco, que nos habrían obligado a un conjunto de trazos culturales comunes; superar, en tercer lugar, la idea que nos concibe como atados a una histo-ria común en tanto que pueblos explotados por similares imperios y sometidos a una historia común de la cual somos pacientes más que agentes; superar, por último, la que busca ele-mentos emancipatorios comunes, pero que no logra pasar de los procesos de independencia y poco más allá, destacando elementos similares más que compartidos. Estas fórmulas no carecen completamente de validez, pues todas se hacen cargo de alguna dimensión real. Sin embargo, entender la expresión de la región y para la región (aunque no siempre de toda la región ni para toda la región) como unidad de análisis, permite asumir mejor nuestra calidad de agentes de una historia, asumir mejor nuestra unidad, otorgar más importancia a las intelectualidades y profesiones del conocimiento, aprovechar mejor las potencialidades de nuestro pensamiento, a la vez que proyectarse mejor hacia una esfera mundial. B–Los hitos en la historia de la sociedad civil y la expresión pública de Nuestramérica  A continuación, se presentan una veintena de hitos donde se detecta la constitución de una sociedad civil y/o de una expresión pública regional, entendiendo que pueden destacarse muchos más. Focalizaré la presentación en el período independiente, mostrando unos po-cos antecedentes. Se han seleccionado estos hitos con el criterio de relevancia asociada a una trayectoria, intentando a la vez mostrar la variedad geográfica, histórica y social. De este modo, comprendiendo a amplios sectores de la sociedad, se muestra la alta capacidad com-prensiva de la unidad de análisis, permitiendo además entender la historia desde el punto de vista de los agentes y lo que estos pensaron que hacían. Que los casos presentados muestren la cantidad de dimensiones de historia y realidad social que pueden abordarse regionalmente y que, en conjunto, sirvan para evidenciar la den-sidad de hechos y proyectos que se aúnan, en la perspectiva de un pensamiento sobre cuestiones internacionales y mundiales.En las últimas décadas del siglo XVIII, se gestó ya una red de reformadores y autono-mistas. Estos aspiraban a mayores grados de autonomía, generando movimientos y levanta-mientos como el, de Túpac Amaru. Resonando en pueblos de residencias lejanas, constituyó una forma de conciencia y de voz que repercutió en lugares de lo que hoy es Bolivia, Perú, Colombia,  Argentina y Chile. Se hicieron eco figuras como Diego Cristóbal Túpac Amaru, Felipe Velasco Tú-pac Inca Yupanqui y Antonio de Rojas. Las ideas más importantes consistieron, según Claudia Or-meño, en “proponer la ilegitimidad del gobierno hispano en tierras americanas”, cuestión que podía “fundirse en acciones comunes: rebeliones, alzamientos, sublevaciones”. Ahora bien, “si hubo numerosos alzamientos indígenas y campesinos en ese momento, pocos desarrollaron rasgos me-siánicos y se concretaron en ideologías de gran valor político–cultural” y en 1780 “la revolución encabezada por Tupac Amaru II fue el intento más ambicioso de convertir a la utopía andina en un programa político” (Ormeño, C. 2011, 277). Ha existido consenso en ubicar este movimiento como antecedente de las luchas independentistas  y luego ha sido recuperado por movimientos in-digenistas e indianistas durante buena parte del siglo XX e incluso a comienzos del XXI.Los jesuitas expulsados y otros americanos residentes en Europa crearon redes durante las últimas décadas del XVIII, especialmente en Italia, articulándose además a la sociedad civil ilustrada. Este grupo, compuesto por figuras como Xavier Clavijero, Xavier Alegre, Juan Ig-nacio Molina y Servando Mier, entre muchos otros, desenvolvió un conjunto de relaciones, a través de encuentros y correspondencia, que circulaba ideas, desarrollándose un pensamiento que cubría la reivindicación de los americanos, de su naturaleza y de su cultura, el desarrollo de cierto patriotismo, y hasta algunas ideas de  5Eduardo Devés–Valdés / La expresión pública y la sociedad civil en Nuestramérica: esquema y unidad de […] Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / ISSN en línea   1851-9490  / Vol. 18 www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / 2016 / Artículos (1–16) proto–independentismo. Este movimiento inte-lectual, uno de los hitos más importantes en la expresión regional, ha tenido inmensa repercusión en el pensamiento nuestramericano, casi sin in-terrupción desde comienzos del siglo XIX hasta nuestros días. Temas como la conciencia, la iden-tidad, la reivindicación del valor de los pueblos y culturas y la integración se han nutrido de estas ideas y han inspirado nuevas redes y nuevas expresiones de la sociedad civil regional.Las sociedades de amantes del país y pri-meros periódicos fueron puestos en marcha por un conjunto de funcionarios coloniales, unos pocos intelectuales, algunos comerciantes y clé-rigos, que circulaban durante el siglo XVIII. Ello permitió que los diversos lugares de la región se hablaran y se escucharan recíprocamente, se traspasaran noticias más o menos frescas, iden-tificándose lugares, ciudades, figuras, diferencias  y similitudes y constituyendo un proto–espacio de opinión pública. Ello se fortaleció hacia fines del siglo con las primeras sociedades de amigos del país y los primeros medios de comunicación. En Lima, la Sociedad de Amantes del País fue fundada 1790 por José Baquíjano, sobre la base de la experiencia alcanzada por la Academia Filarmónica, fundada unos años antes por José Rossi, José María Egaña, Demetrio Guasque e Hipólito Unanue. Al año siguiente apareció la publicación, el  Mercurio Peruano . Unanue con-tribuyó con artículos, como la “Idea General del Perú”, aparecido en el primer número, un ensayo analítico encaminado a que el Perú fuera conocido no solo por los peruanos sino también en el extranjero. A través de esa importantísima publicación, Unanue perfiló la idea de la patria peruana. El periódico tuvo suscriptores en Bue-nos Aires, Guayaquil, La Paz, México y Santiago, entre otras ciudades.Las redes independentistas se manifestaron  ya durante la primera década del XIX en Euro-pa, reconociéndose allí figuras de procedencias muy diversas. El núcleo más importante se re-unió en Londres, donde se articularon personas como Francisco Miranda, Andrés Bello, Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, Servando Mier, Juan Pablo Vizcardo Guzmán, algunos de los Caballe-ros Racionales y de la Logia Lautaro. Las ideas más relevantes fueron de independencia, auto-nomía, unidad o confederación y de hermandad regional. Las proyecciones del movimiento han sido amplísimas y claramente más allá de los procesos independentistas. Las relaciones, la sociabilidad y las logias, permanecieron vivas durante algunas décadas y generaron a su vez una inspiración y una práctica posterior.La República Federal de Centro América surgió a partir de la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América en 1824, subsistiendo hasta 1839. Sajid Herrera ha señalado la existencia de contactos, redes y de una sociabilidad, además de criterios compar-tidos. Ha planteado que “tanto los líderes del partido republicano sansalvadoreño como sus homólogos guatemaltecos fueron deudores de la educación recibida en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de las reformas ilustradas puestas en marcha desde fines del siglo XVIII” y que, por estos años, a todos les “unía la idea de una Monarquía constitucional, el libre comercio  y la defensa de los derechos civiles (libertad, igualdad, propiedad) durante el período del constitucionalismo español (1812–14)” aunque hacia los últimos años de la colonia, cuando se dieron cuenta que España no cambiaría su conducta colonialista con América, “se unieron para defender una República federal en el Istmo, teniendo como fundamento los principios de li-bertad, gobierno representativo y libre comercio”  y además “impulsaron asociaciones dedicadas a fomentar la industria, el comercio y la agricultura como la Sociedad de Amigos del País (la de San Salvador fue fundada en 1812), crearon círculos que evidenciaban las nuevas formas de sociabi-lidad entre ellos, como las tertulias patrióticas” y fundaron en la ciudad de Guatemala “el periódi-co El editor constitucional   que se constituyó en el vehículo de sus ideas: soberanía del pueblo, pacto social, igualdad, libre comercio, república federal” (Herrera. s/f, 6).Los exilados del Cono Sur   hacia 1840, cons-tituyeron la más importante red intelectual de la  América ya independiente. Relevantes fueron los exilios de la intelectualidad argentina en Uruguay  y en Chile, con ampliaciones hacia Perú. Se constituyó así durante los 1840s una red con cir-culación de gente y sobre todo de ideas, donde deben destacarse: D. F. Sarmiento, J. B. Alberdi, V. F. López, Esteban Echeverría, Victorino Lastarria, Francisco Bilbao y Andrés Bello, entre muchas otras figuras. Las ideas más importantes fueron las de civilización, de emancipación mental
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