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(2013) Tagili, un oppidum ibero en el Sureste peninsular

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(2013) Tagili, un oppidum ibero en el Sureste peninsular
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  -597-   TAGILI  , UN OPPIDUM   IBERO EN EL SURESTE PENINSULAR  *   M.ª Juana L ÓPEZ  M EDINA   Universidad de Almería  El presente trabajo se centra en Tagili (ver fig. 1), una población del Sureste  peninsular que está localizada en el alto valle del río Almanzora, y pretende plantear su relación con la ciudad fenicia de  Baria  (Villaricos, Cuevas de Almanzora) situada en la desembocadura del mismo río, que tuvo desde su fundación un papel destacado en la depresión de Vera y en general en todo el valle, lo que incidió de manera determinante en el contacto entre la población fenicia e ibera. En este sentido iniciaremos nuestro estudio planteando la existencia de un oppidum  ibero, situado en La Muela del Ajo (Tíjola), a partir de los datos que aportan las actuaciones arqueológicas en la Comarca del Alto Almanzora. 1  Después trataremos de confrontar estos datos con los aportados por las fuentes literarias. A continuación  pasaremos a analizar una situación posterior, concretamente la que se produce en los años siguientes a la conquista romana, cuando se producen las emisiones monetales de esta ceca. 2  Y finalizaremos con la relación existente entre Tagili y  Baria  los años  previos a la II Guerra Púnica. 1. La Muela del Ajo, un enclave ibero Como hemos dicho con anterioridad, las prospecciones llevadas a cabo en la Comarca del Alto Almanzora han puesto de relieve la existencia de un poblamiento ibero en la zona que nos era prácticamente desconocido. El principal asentamiento  prerromano que hemos localizado se halla en el paraje conocido como La Muela del Ajo, en el actual término municipal de Tíjola (Almería). Este asentamiento fue documentado por primera vez en el trabajo de M. Pellicer y P. Acosta. 3  Estos, tras el análisis de algunos fragmentos de cerámica foránea, * Una de mis líneas de investigación se centra en el análisis del territorio en el Sur peninsular durante época romana, y es donde debe incluirse este trabajo, por lo que creo que puede resultar de interés para el destinatario de este homenaje, el Dr. Julio Mangas, que dedica parte de su labor científica al estudio de las ciuitates  de  Hispania . Además, agradezco a las editoras su invitación para  participar en este volumen, y en especial a la Dra. Rosa M.ª Cid.  1 En la Comarca del Alto Almanzora se lleva a cabo un proyecto de investigación dirigido por las Dras. C. Martínez Padilla y M.P. Román Díaz denominado «Estudio del proceso histórico durante la Prehistoria y la Antigüedad en la cuenca del Alto Almanzora» ( Vid  . Martínez Padilla et alii , 1993; 2000; 2003a; 2003b; López Medina et alii , 1997; Román Díaz et alii , 1994; 2000). 2 Esta ceca ha sido analizada por C. Alfaro a partir de los materiales procedentes de las excavaciones de L. Siret en  Baria , y que en la actualidad están depositados en el MAN : Alfaro, 1991-1993; 1993; 2000. 3  Pellicer y Acosta, 1974: 161-163.  M.  ª  J uana  L ópez  M edina -598-   datados a partir de los siglos VI  y V  a.C., consideraron que dicho yacimiento era un enclave púnico, que debía de estar en relación con la iniciativa colonizadora de  Baria , por lo que su fundación obedecería al control de este tramo del río. Esta adscripción se suele mantener en la historiografía actual, como demuestran las  publicaciones de C. Alfaro, M.D. Camalich y D. Martín, el equipo de M. Chávez, R. Pozo e I.M. Rueda, y E. Ferrer. 4  Así, por ejemplo, este último autor pone en tela de  juicio la hipótesis de J.L. López Castro de la presencia de oppida  iberos en el Almanzora de los que dependerían toda una serie de pequeños asentamientos iberos, que han sido documentados a través de las prospecciones y excavaciones en la Depresión de Vera. 5   Fig. 1. Principales núcleos del Sureste peninsular: 1. Urci . 2.  Murgi . 3.  Abdera . 4.  Alba . 5. Tagili . 6.  Baria . 7. Águilas. 8.  Eliocroca . 9. Tutugi . 10.  Basti . 11.  Acci . 12.  Iliberis . 13. Selambina . La investigación actual a partir del mencionado proyecto, sin embargo, ha  permitido documentar su adscripción ibera tras el análisis de las cerámicas recogidas en superficie en su mayoría autóctonas. Además en el mismo asentamiento se encuentran materiales de la Edad del Bronce, lo que hace suponer la continuidad de su ocupación desde esta fase hasta un periodo posterior a la conquista romana. Entre el abundante material ibero podemos destacar platos y cuencos de variadas dimensiones, ollas, jarras, con decoraciones monocromas en rojo y bicromas en rojo 4  Alfaro, 1991-1993; 1993; 2000; Camalich y Martín, 1999; Chávez et alii , 2002; Pozo y Rueda, 2007; Ferrer, 2001-2002: 279-280; 2009. 5  Ferrer, 2009: 411; López Castro, 2001: 106-107.  T   agili  , un  oppidum   ibero en eL sureste peninsuLar  -599-   y negro, fichas con leyenda ibera, junto con algunos fragmentos de cerámica ática y  púnica. 6  En este sentido, es importante destacar que dicho yacimiento obedece a una situación típica de un oppidum  ibero. Su superficie, unas 7 ha, coincide con la extensión media de los oppida  de las comarcas vecinas. 7  Se trata orográficamente de una elevación cercana al río Almanzora, concretamente un cerro amesetado a cuya morfología hace referencia su topónimo, «muela», que domina una gran extensión del valle fluvial formado por fértiles tierras de cultivo. Tal y como sucede en otros asentamientos iberos del Sureste de estas características como  Basti , su inmejorable  posición le permite poner en explotación una amplia vega de cultivo formada por aluviones fértiles. Además, es innegable el control que desde aquí se ejerce sobre la vía de comunicación que remontando el valle del río Almanzora pone en contacto a las  poblaciones de la costa (  Baria ) y las del interior (  Basti ). La presencia en el yacimiento de material foráneo, en relación a este hecho, puede ser interpretado como la confirmación de los contactos que mantuvieron las poblaciones iberas con la ciudad fenicia de  Baria , pues el valle del Almanzora debió de ser una de las vías de penetración de productos griegos entre el siglo V - IV  a.C. hacia las Hoyas de Baza y Guadix, para desde allí internarse hasta la zona minera de Castulo . 8  Alrededor de La Muela del Ajo se han documentado otros núcleos de ocupación ibera, algunos de los cuales ya fueron publicados en el trabajo de M. Pellicer y P. Acosta, como La Cerrá. 9  Se trata del segundo asentamiento en tamaño después de La Muela del Ajo, y está claramente relacionado con la mina de hierro y cobre de la Cueva de la Paloma, como demuestra el hallazgo en sus inmediaciones de cerámica  pintada y ática. 10  La documentación, en ambos asentamientos, de cerámicas áticas de una misma cronología apunta a que ambos estuvieron ocupados de manera coetánea, siendo este un asentamiento relacionado directamente con la actividad minera, y en dependencia del primero. Junto a estos se documentan otros asentamientos de menor entidad que no superan la media hectárea, como Cjo. Clemente (Serón) o Cerro del Almirez (Bayarque). Estos debieron de estar relacionados con la explotación y puesta en cultivo de sus entornos. Por consiguiente, a tenor de estos datos podemos afirmar que existe una jerarquización entre asentamientos, pues junto al oppidum  se constata 6   Vid  . Láminas de R. Pozo e I.M. Rueda, 2007. Pese a que estos autores le dan una adscripción  púnica como hemos mencionado, sin embargo mencionan la variedad y riqueza de las formas cerámicas iberas, generalmente en cerámicas comunes, aunque también han documentado restos de kalathos  (  Ibídem : 20-22). 7   Vid  . González et alii , 1999: 157-179. 8  Adroher y López, 1995: 15. 9  Pellicer y Acosta, 1974: 155-176. 10   Vid  . Domergue, 1987: 12-13.  M.  ª  J uana  L ópez  M edina -600-   la presencia de asentamientos secundarios de menor tamaño, tal y como sucede en otros oppida  iberos como el de  Acci  o  Basti . 11   2. Bastetanos y Bástulos en el valle del Almanzora El nombre de Tagili  solo lo conocemos gracias a la numismática y a la epigrafía. En cuanto a la última, hay que destacar que, a principios del siglo XX , ya se conocían los restos de lo que debía ser una importante localidad romana, tal y como se desprende de varios artículos publicados en el diario  La Independencia  de julio a octubre del 1909 por C. Bordiu, y que reciben el nombre de «De Barea a Bastitania». Pero no será hasta el año 1977 cuando sepamos que estos restos corresponden a la antigua población de Tagili . En dicho año se halló una inscripción, dada a conocer por primera vez por R. Lázaro y que mencionaba a la  Res Publica Tagilitana . 12  En relación a las fuentes literarias, los datos que nos ofrecen son indirectos, y se refieren principalmente a la presencia en la comarca a la llegada de los romanos de dos unidades étnicas distintas, por un lado los bastetanos en el interior, y por otro los  bástulos en la costa. Sin profundizar demasiado en las cuestiones historiográficas,  pues no es esta la base de nuestra investigación, solo queremos resaltar la presencia de esta división recogida por los autores clásicos, y que, desde hace décadas, ha generado un importante debate a la hora de tratar de identificar dichas etnias con un territorio concreto. Así pues, durante el siglo II  d.C., Claudio Ptolomeo en el libro II  de su Guía Geográfica  recogió la tradición anterior y al referirse al Sureste peninsular hace referencia a varias etnias a las que sitúa en las tablas. Para él, los abderitanos y  barienses se encontraban dentro de la etnia de los bastulos  a los que también denomina cartaginenses (Ptol. 2.4.6-9). 13  En cuanto a la situación de Urci , afirma que se halla en la  Hispania Tarraconense , y que pertenece a la tribu ibera de los  bastetanos (2.6.12-14). En esta misma parte de su obra, es decir, la que trata sobre la Tarraconense , menciona otra población, dentro de la  Bastetania , pero en el interior, se trata de  Alba  o  Abula  (2.6.60). 14   11  Marín et alii , 1993: 27-28; González Román et alii , 1999; Adroher et alii , 2002; Adroher y López, 2004. 12    IRAL  48: VOCONIA Q(uinti) F(ilia) AVITA / THERMAS REI PVBLICAE / SVAE TAGILITANAE S(olo) S(uo) S(ua) P(ecunia) F(ecit) / EASDEMQ(ue) CIRCENSIBVS / EDITIS ET  EPVLO DATO DEDICAVIT / AT QVOT OPVS TVENDVM VSVMQ(ue) / PERPETV(u)M THERMARVM PRAEBEN / DVM R(ei) P(ublicae) TAGILITANAE X (denariorum) II (millia) D (quingentos) DEDIT.   Vid  . Lázaro, 1977; 1978; 1980=  IRAL ; Resina y Pastor, 1978; Resina, 1994. 13  En este mismo fragmento aparece citada la población de  Murgi , localizada en el actual municipio de El Ejido, concretamente en el paraje conocido como Ciavieja. Sin embargo, su inclusión en este apartado debe considerarse como un error, posiblemente de las copias, y verdaderamente correspondería a  Aurgi , puesto que la sitúa tierra adentro y más al norte, además dentro de los túrdulos. 14  Estas referencias a las etnias que poblaron nuestra geografía, son distintas a las de un autor anterior, concretamente Avieno. De estos, los que nos interesan son los bastitanos y los bastulos o cartagineses, que se encontraban donde el otro autor citaba a masienos y libiofenicios. Por lo tanto,  T   agili  , un  oppidum   ibero en eL sureste peninsuLar  -601-   En relación a los bastetanos, la mayoría de los investigadores opinan que se trata de una etnia ibera asentada en el Sureste, relacionada con  Basti , e identificada con la etnia mastiena de la Ora Maritima  de Avieno (vv. 417-424, 449-452); por lo tanto, abarcaban parte de las actuales provincias de Granada, Almería, Murcia y Jaén. 15  Los segundos, es decir, los bástulos, si nos apoyamos en Plinio (  N.H.  3.19),  podemos situarlos en la franja litoral. 16  Así pues, siguiendo la hipótesis de gran parte de los autores, cuando los romanos iniciaron el proceso de conquista de la Península Ibérica en el Sureste peninsular existían varias poblaciones iberas, bastetanas, como son Urci  y  Alba  que nos dibujarían la zona hacia el interior que se considera bastetana, mientras que la costa es bástula, con poblaciones como  Baria  o  Abdera . Este panorama se completa con la aportación de la arqueología, así el Cerrón de Dalías sería otro oppidum  bastetano. Si aceptamos que todas estas poblaciones, que encontramos en el interior y que tienen unas características similares en cuanto a su patrón de asentamiento, se  pueden vincular a oppida  iberos y estos fueron los bastetanos, entonces la población de La Muela del Ajo y su entorno también lo debió de ser; es decir, nos hallamos ante otro oppidum  bastetano, el de Tagili . 3. La conquista romana y las acuñaciones de «Tagili» A partir de la conquista del Sureste peninsular se produce una organización administrativa en provincias, pasando Tagili  a formar parte de la  Provincia Hispania Ulterior  , como una civitas stipendiaria . Junto a este hecho se puede observar en el territorio un cambio en el patrón de asentamiento, como lo atestigua el hecho de que La Muela del Ajo sea abandonada entre finales del siglo II - I  a.C. para ocupar la llanura en el paraje actual de Cela-Estación de Tíjola. 17    parece ser que Ptolomeo hace referencia a una situación posterior a la de Avieno, concretamente a los  pueblos que hallaron los romanos cuando iniciaron la conquista de la Península (Ruiz y Molinos, 1993: 247-257). 15   Vid  . Álvarez (1952: 263-282); Almagro (1982: 257); Presedo (1988: 152); Tovar (1989: 26-27). Sin embargo, A. García Moreno (1990: 62) opina que existirían dos etnias con el mismo nombre, una que rodea el Estrecho de Gibraltar, donde se habían asentado previamente los masienos, y otra en el Sureste peninsular, que debía tener una menor antigüedad y que estaría en relación con la expansión de los primeros hacia las zonas metalíferas del Alto Guadalquivir (estos últimos son los de Ptolomeo). 16  Jacob, 1985a: 29. Si bien hay quien los hace coincidir con las zonas montañosas de la Andalucía Oriental (Ruiz y Molinos, 1993: 247) o con la región del Estrecho de Gibraltar (Domínguez Monedero, 1995: 234-235). Sobre la cuestión historiográfica de los libio-fenicios y  bástulos vid  .  Ibídem . 17  Sobre este cambio vid  . López Medina 2004; 2009. El abandono de un punto dominante en el terreno por una llanura también se ha constatado en otras zonas del Sureste, como el Cerrón de Dalías cuyos habitantes se trasladarían a  Murgi  (Ciavieja, El Ejido) (López Medina, 2004; 2008). A nivel general durante los siglos II - I a.C. muchos oppida  iberos pasaron de ocupar zonas altas a asentarse en zonas más bajas que permitieran (  B.H.  8), por un lado un mayor control romano, y por otro hacer frente a una mejor urbanización (Clavel y Lévêque, 1971: 21; Jacob, 1985b: 299).
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