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La trayectoria de los unitarios antes y después de Caseros. Una mirada desde la prosopografía

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Trabajo y Soceidad. N. 30, Verano 2018, Santiago del Estero, ISSN 1514-6871, pp. 5-24
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Prosopographic approaches have served to confirm more clearly some general claims of historiography, but also to question old, firmly established beliefs. In this way, we will try to indicate to what extent the tools of prosopography have served us in both cases. In turn, our working hypothesis lies in demonstrating that nineteenth-century factions function and cohere for two reasons: common unity of purpose and a relatively stable set of actors. When one or both variables cease to be operative, we can consider that the faction ceases to exist, as will happen with Unitarianism after Caseros. Finally, in the conclusion, we return to the main ideas of the writing and incorporate an analysis on the historiographical issue linked to the general problematic of nineteenth-century factionalism in Latin America. Keywords:  prosopography, Unitarianism, factionalism, political history, 19th century  RESUMO O presente trabalho tem como objetivo refletir sobre o fenômeno do unitarismo sob os resultados de um estudo prosopográfico. Através dele, procura-se fazer uma análise que permita compreender o desenvolvimento da facção através do tempo e de acordo com várias características como srcem de seus membros, ocupação, destino do exílio durante o rosismo e localização política após Caseros. As abordagens prospecópicas serviram para confirmar mais fortemente algumas afirmações gerais da historiografia, mas também para questionar crenças antigas e firmemente estabelecidas. Desta forma, tentaremos indicar até que ponto as ferramentas da prosopografia nos serviram nos dois casos. Por sua vez, nossa hipótese de trabalho reside na demonstração de que as facções do século XIX funcionam e se agrupam por duas razões: unidade comum de propósito e um elenco relativamente estável de atores. Quando uma ou ambas as variáveis deixam de ser operativas, podemos considerar que a facção deixa de existir, como acontecerá com o Unitarismo após Caseros. Finalmente, na conclusão, voltamos às principais idéias da escrita e incorporamos uma análise da questão historiográfica ligada à problemática geral do faccionalismo do século XIX na América espanhola. Palavras-chave:  prosopografia, unitarianismo, faccionalismo, história política, século 19 SUMARIO 1 Introducción, 2 De la centralidad del poder a la marginalidad del exilio, 3 Reconfiguración política post-Caseros y disolución del unitarismo, 4 Conclusiones, 5 Bibliografía, 6 Anexo de retratos ***** 1.   Introducción 1   Los unitarios son una presencia insoslayable de nuestropasado. Marcaron, desde el poder como fuera de él, con aciertos y desaciertos, una larga época. Siempre presentes en los libros que se han ocupado de la historia nacional formanparte de las representaciones colectivas de los argentinos hasta nuestros días. Para la historiografía liberal, representaron una generación desafortunada pero imprescindible, que colaboró en cimentar las bases institucionales del Estado-nación de orden liberal que se instauraría en la segunda mitad del siglo XIX. En cambio, para la interpretación revisionista, personificaron todos los males imaginables al haber abierto el comercio y los créditos con el Imperio Británicoy representar valores aristocráticos, 1  Una versión ligeramente más breve de la primera parte de este artículo fue publicada en la revista Ciencia Hoy , volumen 26, número 155, mayo-junio 2017. El resto del presente texto se basa en los resultados de mi tesis doctoral: “Los unitarios, faccionalismo, prácticas, construcción identitaria y vínculos de una agrupación política decimonónica, 1820-1852”, defendida en la Universidad Libre de Berlín en 2011.  Trabajo y sociedad, Núm. 30, 2018 7   extranjerizantes y antipopulares. Pero estas visiones maniqueas no necesariamente se ajustan ala realidad histórica sino que fueron el fruto de interpretaciones basadas en simpatías ideológicas propias de su tiempo. Desde la década de 1980 la historiografía se renovó profundamente y tendió a mirar el pasado de un modo más objetivo (Romero, 1996). Sin embargo, si bien a partir de esa renovación muchos temas de nuestra historia fueron revisados, algunos otros quedaron relegados. Entre estos últimos, los unitarios destacan dada su importancia en la trama política del siglo XIX y en los relatos del pasado que predominan hasta la actualidad. Enel presente trabajo intentaremos conocer algunos aspectos de esta agrupación a través de la prosopografía. Aunque esta última palabra nos pueda sonar algo extraña, la prosopografía (del griego,  prósopon : rostro, figura) es un instrumento metodológico propio de algunas ciencias sociales (Rousseau, 2004). Se utiliza para recrear las características habituales de un perfil colectivo elaborado a partir del estudio comparativo y cuantitativo de biografías (Stone, 1987). Esta herramienta permite profundizar los conocimientos sobre un grupo de pertenencia identificable. Explorar, por ejemplo, el perfil prosopográfico de todos los miembros de un consulado de comercio virreinal, del parlamento inglés del siglo XVIII o del partido socialista francés en los años 1930, es una tarea metodológicamente abordable que permite esculpir un perfil general extraído de un grupo de pertenencia. Algo más complejo es elaborar un estudio prosopográfico sobre una agrupación política decimonónica, puesto que, a diferencia de los partidos orgánicos del siglo XX, no existían afiliaciones ni adscripciones formales. De esta forma, es el historiador quien reconstruye y delimita al grupo a posteriori y quien opta por los parámetros más adecuados para llevar a cabo su clasificación. Para realizar la selección de los unitarios a incorporar en la base de datos que sirvió de soporte en la elaboración de mi tesis doctoral, utilicé la información suministrada por diccionarios biográficos y otras fuentes aplicando los siguientes cuatro criterios básicos: a) Factores ideológicos : se incluyen aquellos individuos que contribuyeron a legitimar la acción de los unitarios por medio de su actuación públicao a través de sus escritos.b) Conciencia de pertenencia : se estiman unitarios quienes por medio de registros –epístolas, memorias, prensa–, han dejado constancia explícita de su conciencia de adscripción a dicha facción. c) Participación en “momentos clave” : se adiciona a aquellos que colaboraron y “pusieron su cuerpo” reiterada y abiertamente por la causa unitaria en hechos o momentos de trascendencia (batallas, asambleas constituyentes, revoluciones, conspiraciones desde el exilio, etc.) En este sentido, el universo de actores que compone la muestra ha sido reconstituido por aquellas personas que se mantuvieron fieles a la causa unitaria por tiempo prolongado. En momentos en que la labilidad/porosidad de las facciones permitía con frecuencia cambios de bando, hemos descartado incorporar a nuestra base a quiénes-aunque con un breve pasado unitario- permanecieron más tiempo actuando en las filas de otra agrupación. d)  Redes sociales : se ha tenido en consideración la reciprocidad de las amistades y los vínculos parentales que habitualmente refuerzan el sentido de grupo. Si bien la pertenencia a una red no determina por completo el accionar de los agentes, los induce a obrar en consecuencia de los lazos interpersonales que los circundan. En otras palabras, los amigos y los parientes de los unitarios fueron, con mucha frecuencia, también unitarios. A partir de estos criterios confeccioné una base de datos que aglutina casi 500 sujetos. Algunos de los resultados del acopio y análisis de dicha información se expondrán a continuación y con ellos analizaremos varios aspectos que nos servirán para lograr una comprensión sobre una agrupación política del siglo XIX sin cuyos aportes de la prosopografía hubiesen sido difícil si no imposible de obtener. Vale recalcar que dichos enfoques -los prosopográficos- han servido para confirmar con mayor evidencia algunas afirmaciones generales de la historiografía, pero también para cuestionar viejas creencias firmemente establecidas. Nuestra hipótesis de trabajo radica en demostrar que las facciones decimonónicas funcionan y se cohesionan por dos motivos: unidad común de propósitos y un elenco de actores relativamente estable. Cuando una o ambas variables dejan de ser operativas, podemos considerar que la facción deja de existir. La unidad común de propósitos puede variar con los años: en el caso del unitarismo y durante la década de 1820 sus integrantes pretendieron materializar una gran reforma modernizadora del estado (provincial entre 1821 y 1824, y “nacional” entre 1824 y 1827). A partir de finales de esa misma década, y hasta 1852, se abandonó el  Trabajo y sociedad, Núm. 30, 2018 8   primer objetivo mientras primó el deseo de derrotar a Juan Manuel de Rosas. Para la década de 1850 la agrupación comenzaba su declive. La unidad común de propósitos se vio desmantelada cuando sus miembros se dividieron al sostener dos causas diferentes: la porteña por un lado y la urquicista por otro. Además, la fragmentación del exilio, la falta de nuevos liderazgos y un cambio generacional atentaron inevitablemente contra la segunda premisa ensayada arriba y vinculante para la pervivencia de toda facción: la existencia de un elenco de actores estable. 2.   De la centralidad del poder a la marginalidad del exilio El unitarismo nació a principios de la década de 1820 como una coalición entre antiguos directoriales 2  y  jóvenes que recién se incorpraban a la flamante vida política. La matriz de este embrión del unitarismo fue denominado por la historiografía como grupo rivadaviano, término extemporaneo y que refiere al conjunto de actores que se involucró en la esfera públicade la mano Bernardino Rivadavia, por entonces ministro del gobernador Martín Rodríguez. En 1821, lo que algunos llamaron “partido de los principios”, “partido ministerial” o “partido liberal” –y no así Partido del Orden, denominación anacrónica– tomó mayor impulso cuando se comenzaron a debatir en la Sala de Representantes las medidas modernizadoras de transformación social que arraigaron en la historia bajo el apelativo de “reformas rivadavianas”. Sin embargo, el proceso fue lento; las alianzas que concretaban los parlamentarios eran ocasionales, en algunos casos sólo se ponían de acuerdo para votar una medida determinada, pero luego podían enfrentarse agriamente cuando discutían otras. A pesar de las amistades y relaciones que se fueron estrechando en el seno del grupo gobernante, y de las afinidades existentes al formar parte de una comunidad de intereses, no se desarrolló por bastante tiempo una verdadera conciencia o autopercepción como integrantes de un movimiento o partido (Zubizarreta, 2011). Por consiguiente, actuaban como una red política abierta, de contornos indefinidos. Sobre el grupo rivadaviano y la figura que lideró este movimiento existe abundante literatura (Bagú 1966, Gallo 2012, Zubizarreta 2014, Piccirilli 1943, Segreti 1991 y 2000). Aquí nos interesa resaltar algunas características de este movimiento facilitados por la prosopografía. En nuestra base de datos, 34 individuos se encontraron vinculados estrechamente con Rivadavia entre 1820 y 1824. Lo primero que se destaca de este conjunto es el alto nivel de educación, la escasez de militares y la heterogeneidad en el perfil de sus integrantes. Si bien primaron los porteños (21), participaron provincianos y extranjeros (14). En torno a formación intelectual, la mitad (17) fueron eclesiásticos o jurisconsultos con estudios universitarios, destacan también tres médicos, algunos periodistas/escritores y solo dos militares de carrera. De este modo, la intelectualidad de la época se nucleó en torno al ministro de Rodríguez. Fascinados por todo lo que provenía de Europa, se nutrieron de las nuevas ideas. Algunos funcionarios afines a Rivadavia se desempeñaron en misiones diplomáticas o comerciales en el exterior –Esteban de Luca, Valentín Gómez, Ignacio Núñez, Juan Francisco Gil, José Ignacio Garmendia, etc. –, y gracias a ellas pudieron incorporar conocimientos, realizar estudios, adquirir bibliografía o generar vínculos con intelectuales de diversos países. 3 El caso más paradigmático lo constituyó el mismo Bernardino Rivadavia. En base a los ricos contactos que entabló en sus 2  Figuras políticas que participaron del Directorio , es decir, el nombre institucional que adquirió el régimen unipersonal de gobierno que imperó entre 1814 y 1820 en las Provincias Unidas del Río de la Plata. 3  Sólo por dar un ejemplo de la atracción que sentía el círculo letrado por Europa –y su avidez por nuevas lecturas provenientes de allí–, reproduciremos la siguiente frase vertida en una correspondencia por Juan Madero a Bernardino Rivadavia, quien se encontraba en Inglaterra:  No puedo explicar a V. el sentimiento que me inspira la  fatalidad de no poder gozar del teatro en que V. se halla: las lecturas de esos ilustres sabios de que V. hace mención honorable serían para mí lo que para el sediento es el agua . Carta de Juan Madero a Rivadavia, Buenos Aires, 24 de enero de 1825. Correspondencia de Bernardino Rivadavia, AGN, S. VII, leg. 190.  Trabajo y sociedad, Núm. 30, 2018 9   viajes por los distintos países del viejo continente –con hombres de la talla de Benjamín Constant, Jeremy Bentham, el Marqués de Lafayette o Alejandro Humboldt– pretendió incorporar a una serie de técnicos, docentes e intelectuales europeos para que colaboraran tanto en la gestión gubernativa como en la docencia universitaria y en la prensa. 4  Su objetivo consistió en impulsar, transformar y materializar el desarrollo social y económico de un país al que consideraba con grandes potencialidades de progreso. Fomentó también la inmigración europea, con el propósito de promover la agricultura, aunque con moderado éxito. 5  En 1824 Martín Rodríguez dejaba la gobernación de Buenos Aires y Rivadavia su puesto de ministro. En diciembre de ese mismo año se dio la apertura constituyeron las Asambleas Constituyentes. Desde 1810 se había intentado muchas veces darle una forma constitucional al país, pero ninguna había sido coronado con éxito. La iniciativa de efectuarlas surgió del “partido ministerial” liderado por Rivadavia, y representaba, para este último, un anhelo que siempre había estado latente. Se invitó a las distintas provincias a formar parte y enviar a sus representantes –en un comienzo, uno cada 15.000 habitantes–. Cuando se consideró que un número suficientemente representativo de ellos estaba presente en Buenos Aires, se dio inicio a la primera cesión en la sala que antes deliberaba la Junta Representativa de Buenos Aires, desocupada ad hoc  para cobijar las Asambleas. Se abría una oportunidad única en la posibilidad de estrechar lazos interprovinciales en un momento donde las guerras independentistas (con la salvedad de Salta y Jujuy) habían concluido y no interferirían en los asuntos políticos domésticos. Durante el tiempo que duraron las sesiones, poco más de una centena de actores formó parte alternadamente del Congreso en representación de las distintas provincias. Sin embargo, a pesar de cierta movilidad, se fueron creando grupos relativamente estables que comenzaron a actuar, a medida que el tiempo transcurría, de manera previsible y con pautas congruentes, constituyendo lo que desde el exterior del recinto se empezó a distinguir bajo los apelativos de “unitarios” y “federales”. 4  Entre estos, cabe destacar al célebre botánico Aimé Jacques Alexandre Goujaud “Bonpland”, a los ingenieros James Bevans, Carlos J. Rann y Carlos Pellegrini –padre del futuro presidente argentino–, a ilustrados hombres de letras como Pedro de Angelis y José Joaquín de Mora, al boticario y químico Carlos Ferraris, al médico Pedro Carta Molino, a los jardineros Alejandro Pablo Sack y Samuel Attevell, al matemático Octavio Fabricio Mossotti y al arquitecto Carlos Zucchi, entre otros. 5  Iriarte nos lega sobre este aspecto una imagen sobre Rivadavia que luego sería, en lo profundo de su significado, compartida y reproducida por la historiografía que le fue adversa. De él cuenta que era demasiado rígido en la aplicación de su sistema, y esto en un país que no estaba bien preparado para admitirlo; su manía era el optimismo, soñaba la utopía, y quiso sembrar en el país a fuerza de decretos las semillas que importó de Europa: sus frutos habían sido benéficos, pero Rivadavia no supo aclimatar la planta exótica  (Iriarte 1944, 20).  
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